Capta de manera invisible todo lo que sientes, enfoca la ira, en un pequeño punto de tu mente, encarcelalo, ahogalo, mátalo.
Respira profundamente, canaliza, muy bien, te estas tranquilizando, aún te cuesta, aún lo sientes.
Respira.
Y vuelve a respirar.
Todo se basa en eso, en coger aire y despejar tu mente.
¿Eres capaz?
Deseas gritar, te compadezco, es natural.
Coge aire, muy bien.
¿Que pasa? ¿Quieres algo para golpear?
Muerdete la lengua hasta que desaparezca.
¿Estas sangrando?
Tranquilo, respira, primero la ira.
¿Lo sientes? ¿Desaparece?
Lloras, ¿por qué lloras? No llores.
¿La ira?
¿Que ira?
Podemos escribir sobre tantas cosas, que seguramente la red eclosionaría por los millones de pensamientos que encontramos, yo puedo escribir, más bien, lo hago, podriamos hacer un trato bonito y beneficiario para ambos, yo escribo y tu lees ¿te parece bien?
Páginas
▼
miércoles, 30 de marzo de 2016
lunes, 7 de marzo de 2016
Mi pequeño monstruo y yo.
Mi pequeño monstruo no tiene cuernos ni colmillos, no gruñe ni te arranca la cabeza, mi pequeño monstruo esta en las paredes de mi mente, me nubla lo bueno y saca brillo a las palabras crueles, mi pequeño monstruo crece con los hechos de la vida con el miedo y la desesperación.
Mi pequeño monstruo no conoce a las personas, no distingue quien verdaderamente es la persona que está a su lado, solo sonríe y desaparece volviendo todo a su entorno oscuro y frio.
Mi pequeño monstruo adora la crítica hacia mi luz, aquella atrapada entre las paredes oscuras, adora la crueldad y si le provocas sale su verdadero ser, desaparece la luz y el dolor resurge.
Cuando mi pequeño monstruo sale a la luz dejo de ser yo, o tal vez sea mi verdadero yo, mi pequeño monstruo inunda mi ser, destrozando todo aquello a su paso, chillando, desgarrando la voz de mi garganta y diciendo cosas que podrían acabar con cada una de mis cuerdas vocales.
No atiende a razones, me vuelvo oscuro y sin corazón, mi pequeño monstruo se vuelve grande en esa situación, solo suelta veneno, solo le gusta el dolor.
Yo no hago que mi pequeño monstruo desaparezca, porque no puedo, solo se que se va cuando sabe que algo esta roto, cuando algo esta destrozado.
Cuando despierto, estoy en shock, no reacciono ni proceso lo que acaba de pasar, siempre que aparece mi mente se queda aturdida, no comprendo que acaba de pasar, todo es un caos.
Veo los ojos de la decepción por el reflejo de la ventana, se que me odia y que me dejará tiritando en el suelo, medio muerto si no fuera por la compasión que se apiada de mi interponiéndose para que la furia combinada con la decepción no atacase más mi mente perturbada, convirtiéndola en basura mayor.
Mi pequeño monstruo sonríe satisfecho, sabe que ha hecho daño, sabe que ha sembrado el dolor.
Entonces mi luz, mi pequeña luz se fija en ese grito, la tristeza y el dolor, mezclado con un toque de melancolía, haciendo que mi luz se terminase de apagar y que mi pequeño monstruo atacase a todo mi ser.
Convirtiéndome entonces en el monstruo que jamás quise ser.
Mi pequeño monstruo no conoce a las personas, no distingue quien verdaderamente es la persona que está a su lado, solo sonríe y desaparece volviendo todo a su entorno oscuro y frio.
Mi pequeño monstruo adora la crítica hacia mi luz, aquella atrapada entre las paredes oscuras, adora la crueldad y si le provocas sale su verdadero ser, desaparece la luz y el dolor resurge.
Cuando mi pequeño monstruo sale a la luz dejo de ser yo, o tal vez sea mi verdadero yo, mi pequeño monstruo inunda mi ser, destrozando todo aquello a su paso, chillando, desgarrando la voz de mi garganta y diciendo cosas que podrían acabar con cada una de mis cuerdas vocales.
No atiende a razones, me vuelvo oscuro y sin corazón, mi pequeño monstruo se vuelve grande en esa situación, solo suelta veneno, solo le gusta el dolor.
Yo no hago que mi pequeño monstruo desaparezca, porque no puedo, solo se que se va cuando sabe que algo esta roto, cuando algo esta destrozado.
Cuando despierto, estoy en shock, no reacciono ni proceso lo que acaba de pasar, siempre que aparece mi mente se queda aturdida, no comprendo que acaba de pasar, todo es un caos.
Veo los ojos de la decepción por el reflejo de la ventana, se que me odia y que me dejará tiritando en el suelo, medio muerto si no fuera por la compasión que se apiada de mi interponiéndose para que la furia combinada con la decepción no atacase más mi mente perturbada, convirtiéndola en basura mayor.
Mi pequeño monstruo sonríe satisfecho, sabe que ha hecho daño, sabe que ha sembrado el dolor.
Entonces mi luz, mi pequeña luz se fija en ese grito, la tristeza y el dolor, mezclado con un toque de melancolía, haciendo que mi luz se terminase de apagar y que mi pequeño monstruo atacase a todo mi ser.
Convirtiéndome entonces en el monstruo que jamás quise ser.
