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miércoles, 25 de mayo de 2016

El pitido.



Me ronda por la cabeza varios pensamientos, momentos que nadie comprendería, lugares que me gustaría que tuviesen algún sentido en mi vida, andar descalza por un suelo lleno de cenizas, todo está destruido a mi alrededor, ni yo misma sabría decir donde estoy o que estoy buscando. El suelo quema, si, quema, y la ceniza vuela, si, vuela.
Todo el silencio de mi alrededor me asusta y me da curiosidad, todo está cerrado, madera sobre las ventanas, ¿que querrían ocultar o proteger? El fuego se aviva bajo mis pies a cada paso que doy, mal momento para no llevar zapatos, todo a mi alrededor es silencio, ¿lo habia dicho ya? Lo repito, silencio, pienso más cosas y mucho más rápido, por eso, por el silencio de mí alrededor, mi mente no para quieta, y sé que ante cualquier ruido, me asustaré, siempre me asusto, incluso cuando uno no se debe asustar. Miedo. Me gustaría encontrar a alguien aquí, me acabo de dar cuenta de que estoy sola. Sola. No me gusta esa palabra, quiero parar de andar. Paro. Estática en el suelo, se me ocurre subir la cabeza hacia arriba y al subirla, noto como está me empuja para atrás, no sabía que me pesará tanto. Miro. Esta negro el cielo, me gusta,  pero negro ¿por qué? No es de noche, creo ¿Las cenizas? No, en todo caso sería gris. Gris. Intermedio entre lo negro y blanco, lo positivo y negativo, lo neutral, ni el rojo, ni el azul, ni el morado, el gris. Gris. Bajo la cabeza, se me cansa el cuello, la giró hacia los lados, ahora caigo, ¿por qué está todo quemado? No hay nada en la calle, ni coches, ¿existen los coches? No lo recuerdo, ¿qué es un coche? Me llevo las manos hacia la cabeza, me duele. Mucho. Noto como pinchazos, pero ¿cómo sé que es un pinchazo? Duele. El viento, al mover las cenizas me produce cosquillas en mis piernas desnudas, no puedo evitar soltar una pequeña risa por lo bajo que se oye como si hubiese gritado a un megáfono. Espera ¿qué es un megáfono?
No quiero estar más tiempo de pie y siento que en cualquier momento voy a caer, un pitido se cuela en mi oído,  me atrona y confunde, el dolor de cabeza aumenta,  pero deseo saber de dónde procede ese pitido, me está matando, haz que pare ¿a quién le hablo? Ignoro mi dolor y frustración, empiezo a correr persiguiendo al pitido, mis pies siguen quemando, las cenizas de una vida arden, ¿de qué vida? noto como las cenizas vuelan a mi alrededor y como el sonido de mis pisadas atronan contra el suelo, se siente como si cayesen bombas del cielo por cada paso que doy, me siento cansada, necesito parar. Paro. Para, ¡para! paré, miro a mi alrededor, me he vuelto a perder, el suelo a mis pies es diferente, es césped, ¿dónde estoy?
Continuo andando, no sé donde estoy, ni si quiera que estoy buscando, sigo cansada, el césped húmedo calma las brasas de mis pies, el aire puro desordena mi pelo mientras no puedo evitar sonrojarme por el contacto del viento contra mis mejillas. Hazlo. Me giro bruscamente hacia atrás, ¿quién ha hablado? No hay nadie, podría jurar que había notado el contacto de sus labios rozándome la oreja, llevo mi mano hacia esta. Me siento en el césped, y observo mi alrededor de arboles con ojos curiosos, sigue sin haber nadie, ni si quiera animales, el cantar de un pájaro... Espera ¿qué es un pájaro? Otra vez me duele la cabeza, la subo intentando mirar a un cielo que no existe, era azul, creo, no me acuerdo, la verdad, es que hay muchas cosas que no recuerdo, toco el césped melancólica, ¿melancólica por qué? ¿Qué es eso? No me gusta. Me levanto del césped. Me aburro, empiezo a andar cruzando mis pies como si de un juego se tratase. Espera ¿Qué es un juego? El pitido vuelve a mis oídos, me vuelve a hacer daño, mis dos manos van instantáneamente hacia mi cabeza. Para. No, no para, continua. Respiro. Mejor. Vuelvo a mirar hacia el frente, el pitido sigue. Hazlo. No sé qué debo hacer, corro de nuevo detrás del pitido, quizás si encuentro su origen, pare y así podre estar tranquila con mi soledad. Sola. Palabra curiosa, la cual no sé cómo interpretar, ¿es buena? ¿Malo? Niego con la cabeza y sigo corriendo, ¿de dónde procedes?
Pierdo la noción del tiempo, hasta que paro de correr, miro  hacia mis lados, vuelvo a estar en la calle cubierta de cenizas, mis pies vuelven a quemar, me giro, el bosque está en llamas, no me encuentro bien, me duele verlo arder. No ardas, quiero gritar. No grito, noto como si no tuviera voz, ¿qué es voz?  Duele, otra vez, el pitido, me ataca, doy la espalda al bosque, necesito saber que es, corro y sigo corriendo, todo quema, todo arde, hay zonas donde el fuego continua destrozando a su paso, tengo miedo de todo, no quiero tocar nada, porque sé que lo destruiré, y no quiero destruir, quizás por mi culpa el bosque se quemó. Culpa, esa palabra, también curiosa, ¿qué es culpa? Mi estómago se comprime hasta doler, no me gusta, no me gusta nada.
Paro, me quedo helada cuando veo algo que no habia visto antes y que seguramente no sepa ni  reconocer. O si. Me acerco despacio, con la curiosidad presente y alerta para cualquier tipo de improvisto, me agacho con cuidado, es un cuerpo, un cuerpo blanco, cubierto por un vestido, un vestido que parece que va a juego con su piel, completamente blanco,  me acerco un poco más para mirar su cara. Los párpados están cerrados, su cara es muy fina y perfilada, como si estuviera consumida, su pelo se camufla con el suelo, con la ceniza, sus labios son morados, acerco mi mano a sus labios y los acaricio con las puntas de mis dedos, están cortados, secos, sin vida, muertos. Por reflejo, llevo yo mis dedos a mis labios y los acaricio con miedo. Están bien.
Me siento muy cansada, me tumbo al lado del cuerpo sin vida, mirando hacia el cielo negro, giró la cabeza y la miro, es guapa, muy guapa, quizás podría haber sido mi amiga, pero ¿qué es un amigo?  Otra vez, el dolor ataca a mi cabeza y me obliga a cerrar los ojos, lo malo es, que cuando quiero volver a abrirlos para observar un rato más a mi acompañante sin vida, no puedo, creo que me he quedado dormida. Creo. Ya no hay pitido. No.
Una  vez abro los ojos, ya nada es como recordaba a mi alrededor, no identifico el lugar y me siento pérdida, el cuerpo ya no está a mi lado, ¿qué ha pasado? Veo a una persona escondida entre las sombras, y el miedo vuelve a mí.
-¿Quién eres tú?- digo mientras la voz me tiembla.
-No, dime mejor, ¿quién eres tú?
Y ahí, es cuando me doy cuenta, de que no sé quién soy y el silencio vuelve a aparecer.