Me ronda por la cabeza varios pensamientos, momentos que
nadie comprendería, lugares que me gustaría que tuviesen algún sentido en mi
vida, andar descalza por un suelo lleno de cenizas, todo está destruido a mi
alrededor, ni yo misma sabría decir donde estoy o que estoy buscando. El suelo
quema, si, quema, y la ceniza vuela, si, vuela.
Todo el silencio de mi alrededor me asusta y me da
curiosidad, todo está cerrado, madera sobre las ventanas, ¿que querrían ocultar
o proteger? El fuego se aviva bajo mis pies a cada paso que doy, mal momento
para no llevar zapatos, todo a mi alrededor es silencio, ¿lo habia dicho ya? Lo
repito, silencio, pienso más cosas y mucho más rápido, por eso, por el silencio
de mí alrededor, mi mente no para quieta, y sé que ante cualquier ruido, me
asustaré, siempre me asusto, incluso cuando uno no se debe asustar. Miedo. Me
gustaría encontrar a alguien aquí, me acabo de dar cuenta de que estoy sola.
Sola. No me gusta esa palabra, quiero parar de andar. Paro. Estática en el
suelo, se me ocurre subir la cabeza hacia arriba y al subirla, noto como está
me empuja para atrás, no sabía que me pesará tanto. Miro. Esta negro el cielo,
me gusta, pero negro ¿por qué? No es de
noche, creo ¿Las cenizas? No, en todo caso sería gris. Gris. Intermedio entre
lo negro y blanco, lo positivo y negativo, lo neutral, ni el rojo, ni el azul,
ni el morado, el gris. Gris. Bajo la cabeza, se me cansa el cuello, la giró
hacia los lados, ahora caigo, ¿por qué está todo quemado? No hay nada en la
calle, ni coches, ¿existen los coches? No lo recuerdo, ¿qué es un coche? Me
llevo las manos hacia la cabeza, me duele. Mucho. Noto como pinchazos, pero ¿cómo
sé que es un pinchazo? Duele. El viento, al mover las cenizas me produce
cosquillas en mis piernas desnudas, no puedo evitar soltar una pequeña risa por
lo bajo que se oye como si hubiese gritado a un megáfono. Espera ¿qué es un
megáfono?
No quiero estar más tiempo de pie y siento que en cualquier
momento voy a caer, un pitido se cuela en mi oído, me atrona y confunde, el dolor de cabeza
aumenta, pero deseo saber de dónde
procede ese pitido, me está matando, haz que pare ¿a quién le hablo? Ignoro mi
dolor y frustración, empiezo a correr persiguiendo al pitido, mis pies siguen
quemando, las cenizas de una vida arden, ¿de qué vida? noto como las cenizas
vuelan a mi alrededor y como el sonido de mis pisadas atronan contra el suelo,
se siente como si cayesen bombas del cielo por cada paso que doy, me siento
cansada, necesito parar. Paro. Para, ¡para! paré, miro a mi alrededor, me he
vuelto a perder, el suelo a mis pies es diferente, es césped, ¿dónde estoy?
Continuo andando, no sé donde estoy, ni si quiera que estoy
buscando, sigo cansada, el césped húmedo calma las brasas de mis pies, el aire
puro desordena mi pelo mientras no puedo evitar sonrojarme por el contacto del
viento contra mis mejillas. Hazlo. Me
giro bruscamente hacia atrás, ¿quién ha hablado? No hay nadie, podría jurar que
había notado el contacto de sus labios rozándome la oreja, llevo mi mano hacia
esta. Me siento en el césped, y observo mi alrededor de arboles con ojos
curiosos, sigue sin haber nadie, ni si quiera animales, el cantar de un
pájaro... Espera ¿qué es un pájaro? Otra vez me duele la cabeza, la subo
intentando mirar a un cielo que no existe, era azul, creo, no me acuerdo, la
verdad, es que hay muchas cosas que no recuerdo, toco el césped melancólica, ¿melancólica
por qué? ¿Qué es eso? No me gusta. Me levanto del césped. Me aburro, empiezo a
andar cruzando mis pies como si de un juego se tratase. Espera ¿Qué es un
juego? El pitido vuelve a mis oídos, me vuelve a hacer daño, mis dos manos van instantáneamente
hacia mi cabeza. Para. No, no para, continua. Respiro. Mejor. Vuelvo a mirar hacia
el frente, el pitido sigue. Hazlo. No
sé qué debo hacer, corro de nuevo detrás del pitido, quizás si encuentro su
origen, pare y así podre estar tranquila con mi soledad. Sola. Palabra curiosa,
la cual no sé cómo interpretar, ¿es buena? ¿Malo? Niego con la cabeza y sigo
corriendo, ¿de dónde procedes?
Pierdo la noción del tiempo, hasta que paro de correr,
miro hacia mis lados, vuelvo a estar en
la calle cubierta de cenizas, mis pies vuelven a quemar, me giro, el bosque
está en llamas, no me encuentro bien, me duele verlo arder. No ardas, quiero
gritar. No grito, noto como si no tuviera voz, ¿qué es voz? Duele, otra vez, el pitido, me ataca, doy la
espalda al bosque, necesito saber que es, corro y sigo corriendo, todo quema,
todo arde, hay zonas donde el fuego continua destrozando a su paso, tengo miedo
de todo, no quiero tocar nada, porque sé que lo destruiré, y no quiero
destruir, quizás por mi culpa el bosque se quemó. Culpa, esa palabra, también
curiosa, ¿qué es culpa? Mi estómago se comprime hasta doler, no me gusta, no me
gusta nada.
Paro, me quedo helada cuando veo algo que no habia visto
antes y que seguramente no sepa ni
reconocer. O si. Me acerco despacio, con la curiosidad presente y alerta
para cualquier tipo de improvisto, me agacho con cuidado, es un cuerpo, un
cuerpo blanco, cubierto por un vestido, un vestido que parece que va a juego
con su piel, completamente blanco, me
acerco un poco más para mirar su cara. Los párpados están cerrados, su cara es
muy fina y perfilada, como si estuviera consumida, su pelo se camufla con el
suelo, con la ceniza, sus labios son morados, acerco mi mano a sus labios y los
acaricio con las puntas de mis dedos, están cortados, secos, sin vida, muertos.
Por reflejo, llevo yo mis dedos a mis labios y los acaricio con miedo. Están
bien.
Me siento muy cansada, me tumbo al lado del cuerpo sin vida,
mirando hacia el cielo negro, giró la cabeza y la miro, es guapa, muy guapa,
quizás podría haber sido mi amiga, pero ¿qué es un amigo? Otra vez, el dolor ataca a mi cabeza y me
obliga a cerrar los ojos, lo malo es, que cuando quiero volver a abrirlos para
observar un rato más a mi acompañante sin vida, no puedo, creo que me he
quedado dormida. Creo. Ya no hay pitido. No.
Una vez abro los
ojos, ya nada es como recordaba a mi alrededor, no identifico el lugar y me
siento pérdida, el cuerpo ya no está a mi lado, ¿qué ha pasado? Veo a una
persona escondida entre las sombras, y el miedo vuelve a mí.
-¿Quién eres tú?- digo mientras la voz me tiembla.
-No, dime mejor, ¿quién eres tú?
Y ahí, es cuando me doy cuenta, de que no sé quién soy y el
silencio vuelve a aparecer.
Increíble
ResponderEliminarMuchas gracias...
EliminarUna buena prueba de cómo dentro llevamos más que órganos, bolos alimenticios y músculos
ResponderEliminarJajajaja,podría deducir que te ha gustado...
EliminarGracias por leer.