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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Sensión de experimento Nº 2



Pérdidas

-Cuéntame, ¿cómo te encuentras hoy?- la habitación de paredes blancas con algún cuadro enmarcado en la pared, con una ventana rectangular, con media persiana bajada, dando al exterior que tenia colgado una pequeña maceta con geranios, el sillón de cuero negro sobresalía en aquella habitación de paredes blancas, un caballero de pelo canoso y marcas de expresión en forma de arrugas, con cuerpo robusto y mirada penetrante color miel, dispuesta sacarte lo más interior de ti, o mejor expresado, lo más profundo.
-¿Cara?- repitió con voz tranquila, la chica de cabello castaño claro, tumbada en aquel sofá alargado color crema, con ambas manos posadas en su vientre, miraba curiosa la lámpara que colgaba del techo ajena a la voz del doctor que visitaba cada semana para interiorizar y ayudarla a expresar aquello que atacaba a su mente.- Cara ¿me escuchas?- el doctor le toco ligeramente el hombro haciendo que se despertara de lo más profundo de su mente, la chica sobresaltada separó las manos de su vientre dando un respingo por la impresión.
-Disculpe doctor, pensaba.- dijo la chica con voz floja y avergonzada por haberse quedado hipnotizada.
-¿Es que pensabas?
-Pensaba en perder gente.
-¿Me lo explicas?

>>Por supuesto, llevo vividos varios años, dudo que sea necesario decir cuántos, ya que aunque respiremos y ese sea el concepto de ''vivo'' no me refiero a ese ''vivir'', llevo deseando cambios cada día que pasa, deseo que no me abandonen.
Puedes pensar como una persona que consideras ''amiga'' cambia totalmente, como un malentendido puede condenarte en tan solo un segundo, me gustaría remediar cosas que hice en mi pasado, pero no puedo, me duele ver fotos, videos, frases que compartí con una persona concreta y darme cuenta de que ya no esta ahí para ti, si no que se ha ido, pero no me refiero a ido de muerto, si no ido, de que te ha abandonado, a mi me paso por un malentendido, por querer hacerme la fuerte, por querer proteger a alguien que quería, supongo que hice mal, ya que perdí mucho más de lo que pretendía. Me duele pensar cada momento que viví con esa determinada persona,  porque son momentos que no van a volver, que han pasado y que por mucho que te empeñes no se repetirán y mucho menos si ya ni si quiera hablas con esa persona.
A mí lo que más me duele, fue el cómo de un día para otro todo cambió sin darme oportunidad de intentar solucionarlo, se que no soy perfecta, nunca lo pretendí, sé que no soy intocable, ya que incluso una ráfaga de aire es capaz de hacerme mucho daño,  solo quería que todos estuvieran contentos, pero ¿lo estaba yo? Creo que no, pero es mi manía y mi gran error, no el contentar a todos, sino el intentar que todo vaya mejor, tengo ese instinto de ayudar que mucha gente confunde con manipulación, me piden consejo y cuando lo doy, se piensan que intento controlarles de una manera indirecta ¿qué culpa tengo yo de que acudan a mi?
 '' ¿No se te ocurre que quizás debas mantener el silencio?''  Lo he pensado, lo he intentado, pero no puedo, mi mente no soporta el ver a alguien que le importa mal... Por eso Doctor,  quiero hacerle una confesión, revelarle una cosa que quizás jamás seré capaz de expresar a nadie, ni si quiera sé si seré capaz de expresárselo a usted. 
''Adelante. ''  Temo que me abandonen,  siento que en un momento dado, todo el mundo verá mi peor yo y nadie querrá tenerme cerca.
 '' ¿Te ha pasado alguna vez?'' No, o sea, si... pero no sé si definirlo como mi peor yo ¿debería?
''Yo opino que no Cara, a veces nuestra mente juega con nosotros ¿piensas que tal vez tu mente te la jugó?'' No creo, él dolor fue muy real.
'' ¿Piensas que fue real? A veces dudo que esos cinco años hayan sido reales.
'' ¿Por qué?'' Porque no he vuelto a saber de esa persona, es como si hubiese desaparecido de la faz de la Tierra y eso me aterra, sé que me recuerda, porque me odia y gracias a ese odio, sé que no se olvidará de mí.
'' ¿Que sientes Cara?'' Tristeza, todo esto me desborda, me puede, me mata, me hace sentir mal conmigo misma, siento que todo lo que hago está mal y que debería hacerlo al revés, que todo aquello que pierdo es por mi mala cabeza, que cuando yo pierdo una persona, jamás vuelve, es como si muriese, y ahí es cuando entra el sentimiento del remordimiento, el ¿qué hice mal? ¿tendrán razón y seré mala persona?<<
La sala permanece en silencio ¿Qué debemos decir? ¿Qué es Cara? El Doctor la observa, tiene los ojos rojos de contener lagrimas, sutilmente se sorbe la nariz y empieza  a controlar su respiración que de tanto hablar se le habia agitado.
-Cara, quiero que reflexiones, perder personas es un ciclo, un ciclo doloroso por el cual todos debemos pasar, como te vea el mundo depende de ti,  pero cuando alguien tiene una definición de tu persona en su mente, ya es complicado cambiarla, muchos te odiaran, otros te amaran, pero debes saber, que la única que estará ahí para ti, eres tú.- el doctor miro su reloj de bolsillo, situado en su mano derecha.- ya es la hora, nos vemos la semana que viene.- el Doctor se levantó del asiento al mismo tiempo que la chica, la cual mantenía sus ojos llorosos, este le ofreció la mano de manera para despedirse, pero ella, con la mirada en el suelo, salió de la habitación de paredes blancas sin pronunciar ninguna palabra.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Los Barrotes del tiempo.



El taconeo de los dedos largos sobre la mesa de arce oscuro, con pequeños tallados a mano de minúsculas esferas situada en medio de aquel salón oscuro, de paredes altas con tonos marrones y por la escasa luz dándole un tono siniestro, junto aquellos ventanales grandes con enormes cortinas de color granate que los recubren haciendo que aquel salón quedase en penumbra, con una sombría incluso siniestra. Uno a uno, cada uno de sus dedos cayendo sobre la madera, de uno en uno y volviendo a subir, como si se tratase del segundero de un reloj inquieto pero con un sonido constante.
Su mirada fría, aquella mirada de ojos grises  que en su día fueron ojos de luz, pasan por diferentes zonas de la sala quedándose con los detalles de cada una de ellas, cada vez encontraba algo diferente, pero en su mente no se que quedaban, sus ojos pasan a sus pies, cubiertos con unos tacones dorados brillantes ya posados ahí desde hace varias semanas a conjunto con aquel vestido negro, que apenas llegaba más arriba de la rodilla, que en su día llevaron volantes que recubrían sus hombros delgados, casi esqueléticos, dándole sensación de fragilidad, aquel escote de línea recta que ahora estaba roto al igual que el cosido de la cintura, que estaba medio caído, pero gracias a estar sentada no se le permitía caer más. Su mirada pasaba a su otra mano, llena de arañazos profundos por los cristales rotos, un descuido sin sentido, como puede ser descargar la ira sobre un espejo, sus uñas estaban pintadas por aquel esmalte rojo granate similar al color de la sangre cuando se aísla del oxígeno, similar a sus heridas visibles, destacando el blanco de su piel casi transparente y medio azul por la sensación de frío y como no, de llevar sin comer un largo período de tiempo, casi mostrando el color de sus venas moradas a las cuales les costaba cada vez más transportar la sangre de su cuerpo, finalmente su mirada iba hacia el reloj, el reloj de cuco parado justamente a la 1:37 de la mañana, tal vez por aquel impacto del cenicero cuando ella explotó gritando.
>> ¡Cállate, maldito tiempo, tu tic tac no me deja vivir por recordarme que algún día voy a llegar a morir!<<
Un reloj rectangular de roble claro, con tallados de girasoles que en su momento le transmitían la alegría y las ganas de perseguir la luz que podría ser el seguir viviendo, con una esfera de cristal, con una pequeña muesca en la zona frontal de este, por el impacto,  en la cual estaba situado los números junto a >>Los barrotes del tiempo<< como decía ella.
Pasaba la mirada de estos tres sitios cada poco tiempo, intentaba pensar y retener, pero no podía, algo se lo impedía, un pensamiento oscuro y lúgubre, algo triste, como una muerte, su propia muerte.
 Una muchacha que uno se atrevería a decir de apenas 20 años, pero ya con su pelo blanco, o más bien gris, como los ojos que la destacaban, aquel cabello sin apenas brillo que caía sobre su hombro derecho, de vez en cuando relamiéndose los labios color carmín por la sangre que surgía de ellos por todas las veces que los mordió, de vez en cuando con una sonrisa cínica, incluso riéndose sola, tal vez una posible locura en la soledad de aquel lugar, que una vez considero su hogar, con sombras largas y macabras, giró su rostro pálido al escuchar el estruendo del vaso de cristal impactando contra el suelo.
-¿Hola?- dijo con voz ronca, por no haberla utilizado en mucho tiempo.
-Luciana...- escuchó en un susurro, un lamento, una voz que le transmitía miedo, respeto.
-¿Hay alguien ahí?
 -Luciana...- su mente empezó a volar, de un lado a otro, recordando cada momento de su corta vida, ahora destrozada por la falta de algo, un sentimiento vacio, algo que desconoce, el ser querida, con la muerte prematura de sus padres y ahora, la de su abuelo, Luciana habia enloquecido, una chica introvertida, incapaz de expresarse, siempre con aquel comportamiento infantil ahora arrebatado al ver la soledad de su vida, el no tener a nadie, se levantó de la silla de hierro fría, nada más incorporarse, su falda acabó cayendo de un lado hasta medio muslo, notaba sus piernas flojas, sin fuerza, no recordaba el tiempo que estuvo sentada en aquella silla que absorbía toda la frialdad de aquel lugar, tatareaba con su voz ronca, una canción de la niñez, algo dulce y sin peligro, andaba por aquel gran salón oscuro con aquella sonrisa maniática, oyendo el sonido de sus tacones impactar sobre el suelo de mármol oscuro.
-¿Abuelo?- cantó ella.- ¿Estás? No sabes el susto que me has dado, el miedo que he pasado, he callado aquel estúpido reloj, decía que iba a morir, me encerraba en su tic tac. Abuelo ¿por qué no me hablas? Callarse no es lo adecuado ¿no sigo siendo la más bonita? Abuelo, háblame.- paró sus pasos al lado de los cristales, los observó ladeando su cabeza, un mechón más corto tapó sus ojos, se agachó al lado de los cristales, mirándolos con curiosidad, con su mano herida quitó el pelo de sus ojos claros, acarició los cristales como si la mejilla de un bebé se tratase.
-Luciana...
Cerró los ojos escuchando aquel susurro, no sabía de donde procedía, pero esa voz la reconocería en cualquier lugar, respiro hondo llenando de aire sus pulmones, notando como su cuerpo se quedaba sin fuerzas, posando ambas manos sobre su vientre y su mente volando de un lado a otro.
>>Recuerdo cuando era pequeña y los niños me miraban con odio y frialdad, siempre he tenido todo, todo aquello que he podido desear, siempre he sido feliz, incluso cuando en casa las cosas, iban mal.
El Abuelo me explicó la razón por la cual esos niños eran así conmigo. ''Te tienen envidia Luciana''. Yo no sabía que era la envidia. ''Tus ojos muestran luz a pesar de ser tan grises''. Siempre deseé tener visión calórica la verdad. ''Tu pelo muestra la belleza que incluso siendo tan joven el blanco queda dulce''. Nunca me gusto mi pelo, me hacía sentir una bruja, bueno, la gente me decía que era una bruja. ''Jamás olvides lo que verdad merece la pena Luciana''. No sé que merece la pena, me duele el cuerpo, me duele el pecho, me cuesta respirar, me cuesta vivir. <<