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domingo, 13 de diciembre de 2015

Los Barrotes del tiempo.



El taconeo de los dedos largos sobre la mesa de arce oscuro, con pequeños tallados a mano de minúsculas esferas situada en medio de aquel salón oscuro, de paredes altas con tonos marrones y por la escasa luz dándole un tono siniestro, junto aquellos ventanales grandes con enormes cortinas de color granate que los recubren haciendo que aquel salón quedase en penumbra, con una sombría incluso siniestra. Uno a uno, cada uno de sus dedos cayendo sobre la madera, de uno en uno y volviendo a subir, como si se tratase del segundero de un reloj inquieto pero con un sonido constante.
Su mirada fría, aquella mirada de ojos grises  que en su día fueron ojos de luz, pasan por diferentes zonas de la sala quedándose con los detalles de cada una de ellas, cada vez encontraba algo diferente, pero en su mente no se que quedaban, sus ojos pasan a sus pies, cubiertos con unos tacones dorados brillantes ya posados ahí desde hace varias semanas a conjunto con aquel vestido negro, que apenas llegaba más arriba de la rodilla, que en su día llevaron volantes que recubrían sus hombros delgados, casi esqueléticos, dándole sensación de fragilidad, aquel escote de línea recta que ahora estaba roto al igual que el cosido de la cintura, que estaba medio caído, pero gracias a estar sentada no se le permitía caer más. Su mirada pasaba a su otra mano, llena de arañazos profundos por los cristales rotos, un descuido sin sentido, como puede ser descargar la ira sobre un espejo, sus uñas estaban pintadas por aquel esmalte rojo granate similar al color de la sangre cuando se aísla del oxígeno, similar a sus heridas visibles, destacando el blanco de su piel casi transparente y medio azul por la sensación de frío y como no, de llevar sin comer un largo período de tiempo, casi mostrando el color de sus venas moradas a las cuales les costaba cada vez más transportar la sangre de su cuerpo, finalmente su mirada iba hacia el reloj, el reloj de cuco parado justamente a la 1:37 de la mañana, tal vez por aquel impacto del cenicero cuando ella explotó gritando.
>> ¡Cállate, maldito tiempo, tu tic tac no me deja vivir por recordarme que algún día voy a llegar a morir!<<
Un reloj rectangular de roble claro, con tallados de girasoles que en su momento le transmitían la alegría y las ganas de perseguir la luz que podría ser el seguir viviendo, con una esfera de cristal, con una pequeña muesca en la zona frontal de este, por el impacto,  en la cual estaba situado los números junto a >>Los barrotes del tiempo<< como decía ella.
Pasaba la mirada de estos tres sitios cada poco tiempo, intentaba pensar y retener, pero no podía, algo se lo impedía, un pensamiento oscuro y lúgubre, algo triste, como una muerte, su propia muerte.
 Una muchacha que uno se atrevería a decir de apenas 20 años, pero ya con su pelo blanco, o más bien gris, como los ojos que la destacaban, aquel cabello sin apenas brillo que caía sobre su hombro derecho, de vez en cuando relamiéndose los labios color carmín por la sangre que surgía de ellos por todas las veces que los mordió, de vez en cuando con una sonrisa cínica, incluso riéndose sola, tal vez una posible locura en la soledad de aquel lugar, que una vez considero su hogar, con sombras largas y macabras, giró su rostro pálido al escuchar el estruendo del vaso de cristal impactando contra el suelo.
-¿Hola?- dijo con voz ronca, por no haberla utilizado en mucho tiempo.
-Luciana...- escuchó en un susurro, un lamento, una voz que le transmitía miedo, respeto.
-¿Hay alguien ahí?
 -Luciana...- su mente empezó a volar, de un lado a otro, recordando cada momento de su corta vida, ahora destrozada por la falta de algo, un sentimiento vacio, algo que desconoce, el ser querida, con la muerte prematura de sus padres y ahora, la de su abuelo, Luciana habia enloquecido, una chica introvertida, incapaz de expresarse, siempre con aquel comportamiento infantil ahora arrebatado al ver la soledad de su vida, el no tener a nadie, se levantó de la silla de hierro fría, nada más incorporarse, su falda acabó cayendo de un lado hasta medio muslo, notaba sus piernas flojas, sin fuerza, no recordaba el tiempo que estuvo sentada en aquella silla que absorbía toda la frialdad de aquel lugar, tatareaba con su voz ronca, una canción de la niñez, algo dulce y sin peligro, andaba por aquel gran salón oscuro con aquella sonrisa maniática, oyendo el sonido de sus tacones impactar sobre el suelo de mármol oscuro.
-¿Abuelo?- cantó ella.- ¿Estás? No sabes el susto que me has dado, el miedo que he pasado, he callado aquel estúpido reloj, decía que iba a morir, me encerraba en su tic tac. Abuelo ¿por qué no me hablas? Callarse no es lo adecuado ¿no sigo siendo la más bonita? Abuelo, háblame.- paró sus pasos al lado de los cristales, los observó ladeando su cabeza, un mechón más corto tapó sus ojos, se agachó al lado de los cristales, mirándolos con curiosidad, con su mano herida quitó el pelo de sus ojos claros, acarició los cristales como si la mejilla de un bebé se tratase.
-Luciana...
Cerró los ojos escuchando aquel susurro, no sabía de donde procedía, pero esa voz la reconocería en cualquier lugar, respiro hondo llenando de aire sus pulmones, notando como su cuerpo se quedaba sin fuerzas, posando ambas manos sobre su vientre y su mente volando de un lado a otro.
>>Recuerdo cuando era pequeña y los niños me miraban con odio y frialdad, siempre he tenido todo, todo aquello que he podido desear, siempre he sido feliz, incluso cuando en casa las cosas, iban mal.
El Abuelo me explicó la razón por la cual esos niños eran así conmigo. ''Te tienen envidia Luciana''. Yo no sabía que era la envidia. ''Tus ojos muestran luz a pesar de ser tan grises''. Siempre deseé tener visión calórica la verdad. ''Tu pelo muestra la belleza que incluso siendo tan joven el blanco queda dulce''. Nunca me gusto mi pelo, me hacía sentir una bruja, bueno, la gente me decía que era una bruja. ''Jamás olvides lo que verdad merece la pena Luciana''. No sé que merece la pena, me duele el cuerpo, me duele el pecho, me cuesta respirar, me cuesta vivir. <<








2 comentarios:

  1. Froggy, continua la historia?

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    1. Seguramente sí, depende si gusta o no, iré subiendo fragmentos de la historia,y si veo que interesa, abriré otro blog dedicado unicamente a la historia de Luciana, gracias por leerme.
      Un saludo.

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