-Calíbralo
bien… ¡No! ¡Así, no! ¿Qué se supone que estás haciendo? ¿Quieres matarnos?
-Perdona.-
dijo suspirando mientras se quitaba las gafas de protección y resoplaba con
cansancio.- es solo que tengo la mente en otra parte y me cuesta concentrarme
en todo este tema.
-Ya te
dije millones de veces que cuando tengas la cabeza en otra parte que te quedes
en tu maldita casa, no podemos permitirnos fallos en el experimento o saldremos
volando los dos…- dijo en forma de regañina mientras la muchacha agachaba la
cabeza avergonzada, la miró con cierto sentimiento de culpabilidad y él también
se quitó las gafas.- Veamos pequeña científica, ¿qué te pasa?
-Nada,
ósea, llevo unos días en los que no descanso bien, me duele mucho la cabeza,
debe ser por los cambios de presión, empieza a hacer frío.- dijo ella sin
establecer contacto visual, mientras que los ojos del otro se posaban sobre
ella y lo notaba, era como si la estuviese juzgando por algo que no hizo, o
quizás ahí estaba el problema, que no lo había hecho nada al respecto.
-¿Estás
segura de que no hay nada más que te ronde la mente? Ya sabes que puedes
perfectamente contarme cualquier cosa que te pase, quizás así logremos
encontrar el foco del problema y eliminarlo.
-Estoy
segura, no se preocupe profesor, todo va bien.- dijo de manera insegura y
aunque llevaba trabajando codo con codo con aquel científico durante más de un
año, había algo que le impedía confiar en otra personas, como si notase que en
cualquier momento le fuesen a traicionar, pero aquel asunto era más rebuscado
de lo que podrían imaginar y decir alguna palabra de más podría traer problemas
tanto a ella, como al profesor.
-Trai,
quiero que sepas que sea lo que sea, tiene solución, a menos de que estemos
hablando de la muerte, entonces ahí no podré ayudarte, debes saber que hay
personas buenas dispuestas a ayudarte, quizás yo no sea esa persona, a lo mejor
esa persona está allí afuera… algún amigo…- ¿Amigos? ella no tenía amigos,
había dedicado su vida a los laboratorios.- algún chico especial…- Claro, no
tenía amigos, como para tener un amigo especial, ¿Qué clase de broma era
aquella?- o incluso un especialista, un… psicólogo, creo que se llamaba.- no,
no podía contárselo a un extraño, esos serían los primeros que la juzgarían aunque
su trabajo fuese el escuchar y aconsejar, pero ya se sabía de que de las
personas nunca hay que terminar de fiarse.
-A veces
el silencio, es la mejor manera de expresión.- dijo intenta rehuir del tema.
-Escúchame,
puedes contar conmigo, si temes que pueda traicionarte o contar algo a tus
padres, ve olvidándote, a parte de mi compañera, somos lo que viene a ser
amigos, no tengas miedo, confía en mí.-
-Está
bien… apenas he tenido problemas en mi
vida, todo me ha ido bien en el ámbito profesional, míreme tengo un carrera y
estoy trabajando en este experimento maravilloso desde hace ya un año, en el
social me da igual, nunca encajé con nadie, cuando la gente estaba bebiendo y
perdiendo su virginidad yo estaba estudiando con mi microscopio un meteorito
que había caído en el patio de atrás de mi casa... nunca encajé, pero tampoco
me importó yo era feliz en mi mundo, aunque también tuve mis pequeñas aventuras
con chicos, aunque fuesen soñadas. Bueno, todas eran soñadas. Si veía un chico
mono, le observaba tan atentamente como si de un ser extraño se tratase, como
si fuese una nueva especie en el planeta preparada para ser diseccionada y
estudiada, memorizaba sus movimientos y sus gestos, con los que tuve
oportunidad de hablar memoricé también sus formas de hablar y de mirarme,
muchos me miraban pensando que llegarían a algo más aparte del diálogo conmigo,
pero no, a mí me valía con soñar con ellos, luego todo aquello lo representaba
en el sueño y me despertaba feliz y así estaba siempre hasta que me empezaba a
gustar otra persona, entonces ese último sueño cambiaba, ya no me seducían, ni
paseamos por grandes parques de la mano, ni comíamos helados mientras charlábamos
de la política actual, ni bailamos pegados de manera que todo se volviese
intenso, nos encontramos solos, mirándonos, podía ver en sus ojos como me tienen
miedo, es como si estuvieran atrapados y se quisiera ir de ahí, entonces la ira
se apodera de mí, por sus deseos de abandonarme y dejarme sola y entonces, ya
no soy yo. Quiero matarlo. Y lo hago. Y disfruto haciéndolo. Cuando despierto
no me levanto feliz, me levanto relajada, como si me hubiese quitado un peso de
encima, como si ya me diese igual todo, entonces mi obsesión termina y ya no
pienso en el chico, se va de mi mente y por no recordar no recuerdo ni su nombre.
- mira sus manos y sus uñas largas, las tiene sucias, tiene roña dentro, lo ha
contado y no se siente mejor, para nada se siente mejor, el silencio de su
compañero de trabajo le hace pensar que todo fue un error, que jamás debió
abrir la boca, lo has hecho mal Trai, lo
has hecho muy mal.- Me tiene miedo.
-Por
supuesto que no, no tienes por qué preocuparte por esos sueños Trai puede ser
por miedo a confiar en alguien o….
-No son
los sueños los que me preocupan profesor, como le dije antes, disfruto con
ellos.
-¿Entonces?
- tragó saliva nervioso, la chica había empezado a acariciar el borde de una
sierra que se encontraba en la mesa para cortar las grandes vigas de metal, en
sus labios había una sonrisa discreta que parecía tener miedo de salir, aunque
cuando la conoció la chica ya le pareció suficiente extraña, este
comportamiento le estaba asustando, no era usual en ella, aunque lo que menos
se esperaba eran aquellos sueños y pensamientos de aquella chica tan dulce que
se sonrojaba incluso cuando por la mañana la llamaba ''bonita'' en forma de saludo.
-¿Quiere
saber cuál es mi problema?- dijo conectando con sus ojos color miel que a veces
recordaban a los de un gato, tan profundos, tan directos, tan intimidantes para
un rostro tan sumamente infantil.
-Solo si
tú quieres.
-Ya que
empezamos, acabemos. No está bien dejar las cosas a medias, es la primera regla
del orden.
-Está
bien.- se recostó sobre su silla y empezó a escuchar.
''Hace
alrededor de unos días, saliendo del trabajo, vi una silueta que me hizo
quedarme atónita, me cautivo, no había visto su rostro, solamente pasó por mi
lado y con aspirar su aroma me bastó para saber que aquella persona sería la
próxima en mis sueños, el dueño de ellos, de cada pensamiento que me surcara la
mente. Seguí andando un rato más dirección opuesta a él, hasta que paré, no
podía irme sin ver su rostro, sin saber cómo hablaba, así que di media vuelta y
empecé a seguirle de manera discreta obviamente, a veces se paraba y miraba
hacia los lados, se debía de sentir observado o quizás solo ocultaba algo.
Llegó a un bar, un bar de estos populares a los que suelen acudir personas de
mi edad, para lo evidente: alcohol y drogas. Dudé durante un minuto si entrar y
abordarle en la tenue luz de la discoteca y con la música atronando en los oídos,
no es lugar muy agradable, pero quien sabe, pensé que tendría suerte,
definitivamente entré decidida, el portero me miró de arriba abajo de manera furtiva
y durante un momento me hubiese encantado acabar con su vida arrancándole los
ojos en ese mismo instante, pero ese pensamiento se desvaneció de mi mente como
si de un rayo se tratase, debía concentrarme. Nada más entrar, el olor a sudor
azotó a mi pobre olfato y mis pupilas se agrandaron por la escasa luz, por un
momento pensé que sería el ambiente perfecto para que un violador actuase,
nadie sabría qué has sido tú, nadie te ve, estaban cegados por la noche, por la
diversión y el placer. Jamás entendí que tenía de divertido trasnochar, beber
hasta perder el conocimiento y acabar en la cama de algún desconocido que con
algo de suerte no te hubiese pegado cualquier enfermedad. Miré hacia mis lados
con la esperanza de encontrarle, a pesar de la escasa luz, tenía una sensación
de cuando estaba cerca de mí, creo que algunas manos no dudaron en tocarme el
culo y más de uno hizo un intento fallidlo de acorralarme contra una pared
mientras me azotaba con su asqueroso aliento, sentí verdaderas nauseas y ganas
de irme, pero aguante, solamente porque quería verle y escucharle. No quería
nada más.
Cuando
estaba a punto de rendirme, darme por vencida y darme la vuelta y largarme de
aquel nauseabundo lugar, su olor vino a mí y me giré de manera inmediata, y le
vi parado, mirándome, anduvo hacia mí y yo hacia él, cuando estuve a su altura,
ni si quiera pude verle el rostro y eso me desquiciaba.
-Hola.-
dijo él de manera grave poniendo cada uno de mis pelos en punta, el olor de su aliento era extraño, como si hubiese chupado un clavo de hierro, olvidé hablar
en un segundo, jamás estuve tan nerviosa en mi vida y aunque mi cerebro mandase
ordenes de hablar, de mi boca no salía ninguna palabra, así que me di la vuelta
y me fui, ya tenía todo lo que necesitaba, tenía su voz grabada en mi mente a
fuego, no oí pasos detrás de mí, ni nadie que me detuviese y volví a casa. Soñé
con él, pero de manera diferente, estaba todo el rato entre sus brazos
sintiéndome protegida y cuando desperté, me sentía triste, porque no le veía a
mi lado.
Al día
siguiente, volví a salir del trabajo, hacia muchísimo frío y nadie estaba en la
calle, ni si quiera los gatos, todo estaba oscuro, pero no tenía miedo, pasé al
lado de la discoteca, de la noche anterior, volvía a estar llena, pasé de
largo, allí no se me habia perdido nada, aunque me preguntaba si él seguiría
allí, debería de darme igual, yo ya tenía suficiente con lo de la noche
anterior, me regañaba a mí misma por querer aún más, infantil y tonta, esa era
mi descripción. De repente, unos ruidos en un callejón llamaron mi atención, me
agarré a mi chaqueta mirando con curiosidad entre las sombras encontrándome lo
evidente: nada. Anduve un poco hacía allí.
-¿Hola?-
me sentí estúpida nada más decir eso, salté hacia atrás en cuanto oí como algo
se golpeaba contra la pared, quise salir corriendo, huir, salvarme de lo que
estuviese ahí dentro, pero mi cuerpo ignoro el mensaje de peligro y decidió
volver a andar en silencio, lo que vi, me dejó con la boca abierta y sin
pulso, le estaba apuñalando. El nuevo dueño de mis sueños apuñalaba a una
persona desconocida rasgándole de arriba abajo, abriéndole en canal, sentí
nauseas, asco, estaba tan concentrado en su tarea que ni me vio ahí, no notó ni
mi presencia. Estaba expurgando en el interior de ese desconocido, susurrando
cosas que ni entendía y lo peor fue, verle agacharse y beber la sangre que
salía del desconocido y entonces recordé el olor metálico de la noche anterior
que salió de su boca, no pude evitar soltar un sollozo de pensarlo, me maldije
a mí misma, había hecho ruido, su cabeza se giró como un rayo y entonces pude
ver su rostro, era guapo, con la boca
llena de sangre, y los ojos de un maniático, que ahora tenían su mirada puesta
en mí, mi respiración se agitó, debía huir, pero avancé hacia él otro poco, vi
como sonreía, como mostraba sus dientes ahora llenos de un color rojo intenso,
volvió a centrarse en su víctima, no podía parar de mirar y mucho menos cuando sacó
el corazón y lo mordió, se estaba comiendo un corazón, me volvió a mirar, se
acercó a rastras a mí, y cuando estuvo a una distancia prudente, estiró el
brazo acercándome aquel corazón al que le faltaba un trozo, me lo estaba ofreciendo,
quería que yo también lo mordiese.
-Hola.-
dije respondiendo a su saludo del día anterior. ''
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