Visitas.

martes, 18 de octubre de 2016

Alma.



He pasado toda mi vida en silencio, en un silencio tenebroso que me impedía mostrar cualquier tipo de emoción o sentimiento. He visto al mundo crecer, le he visto hermoso  y grande, bello y majestuoso, pero también he visto su parte más macabra y oscura, una parte que asustaría a cualquier mente madura y cuerda. Pienso en la mente de un niño, me imagino cómo debe ser para él, en su mente el mundo, yo ya no lo recuerdo.
Siempre me gustó ver la oscuridad, contemplarla, pero según crecí la oscuridad me daba cada vez más miedo, a pesar de saber que los monstruos de cuernos no existían, existían de otro tipo y los cuernos se los ponían ellos mismos. La gente con mirarla a los ojos, puedes deducir si será alguien pasajero o alguien que perdurará a tu lado, que se quedará ahí y jamás se moverá, puedes saber si será alguien bueno o incluso malo, los ojos son como una puerta al fondo de nuestro cuerpo, esa parte que ninguno podrá vérsela así mismo.
He visto monstruos, sí. Y por ello más de una vez sugirieron que quizás necesitaría ayuda ajena, así aprendí que mi silencio guardaba cosas que nadie más podría entender o deducir, mi silencio, es mío. Y eso nadie me lo puede arrebatar, pero quizás alguien me pueda entender con solo mirarme los ojos, a ellos no les controlo, mandan sobre mí  y dicen mucho más de lo que a mí me gustaría, pero por suerte, las personas ya no se fijan en las personas de su alrededor, ya no existe nada puro en este mundo, ensuciamos todo, tratamos las cosas como si no significasen nada e incluso cosificamos a las personas que más nos importan, por eso yo evito a las personas, para que no me importen y no me traten como si de basura se tratara. Los comprendo son falsos en un mundo que pide a gritos la extinción de la raza humana. Pero me gusta mirar, observar, los gestos y palabras, las palabras educadas y el nerviosismo de la gente, mejillas sonrojadas y miradas penetrantes, sincronización en pensamientos y frases punzantes, me gusta ver eso. Observar parejas que se miran atentamente, que apenas se dicen te quiero, pero que alguien me explique de que sirve decir esas dos palabras si con un beso o una mirada puedes expresar muchísimo más.  Observar a los niños jugar, como se enfadan unos con otros, como la crueldad todavía no ha sido instaurada en sus corazones, como se ríen a carcajadas y disfrutan de sus juegos. Observar grupos de amigos y de trabajo, como chocan sus manos y hablan de quién vieron al día anterior, o que hicieron con tal.
 Es mágico.
Me siento en cualquier lugar y veo a las personas, ninguno me entenderá… O sí. Intercambio muchos tipos de miradas a lo largo del día, me encantaría meterme en sus cabezas y saber que está ocurriendo ahí dentro. Pero las personas no me importan o por lo menos, no llegó ninguna que surgiera ese sentimiento en mí… O sí. De ser así, no lo recuerdo.
A veces, espero hasta que sea muy tarde, a que la luz desaparezca y la noche muestre su presencia, las personas cambian, he visto a gente llorar en la oscuridad sentada en un banco, con la cara escondida entre sus manos y un intento fallido de calmar sus sollozos, pero no lo consiguen y entonces, me invade la curiosidad, en saber qué pasó para que esa persona derramase esas lagrimas. Me regaño mentalmente, no es de mi incumbencia. Las personas, no me importan.
Rebuscado, todo es demasiado rebuscado, la mente viaja y se escapa, huye de mí. Y se va y no vuelve nunca más.
¿Qué puedo decir? Sería un cuerpo sin alma más. No sería ni el primero ni el último. Opino que aquellas personas que rehúyen la mirada, tienen mucho que esconder y lo sé, porque yo lo hago, no quiero que sepan que hay dentro de mí.
Una vez que mis pensamientos están más liados que antes, vuelvo al calor de mi hogar, saludo a algún que otro vecino que me encuentro en mi cabeza y mantengo alguna conversación para que no me vean como la rara del edificio, aunque ya lo piensen. Rumores. Un nuevo vecino, sí sí, por tu planta se encuentra. Asiento con la cabeza y retomo mi camino, no tengo intención de socializar más, bastante es aguantar la voz de aquella mujer, que viviendo yo en el cuarto piso y ella en el segundo oigo sus gritos como si estuviera en la habitación de al lado. Hay que ser amable. Me dijeron tantas veces. Hay que tener contactos para llegar. Y yo dudo entonces, ¿a dónde quiero llegar? No me gustan las personas, me parecen insufribles y sí, lo digo yo, que soy una de ellas. Quizás esa sea una de las razones de dicho pensamiento. No me extrañaría.
Escalón tras escalón, subo mirando mis pies e intentando ser sigilosa como un gato, gato como el que se me acababa de cruzar entre las piernas. Esperad. Dije gato. Minino huye de aquí antes de que los vecinos del primero te intenten comer ¿Cruel? Quizás. Me reí de mi propio comentario a pesar de que nadie me hubiese escuchado, pero me valía. Luego sentí lastima por aquel pobre animal, había una realidad, siempre que se colaba algún animal en este edificio, los del primero decían de encargarse de él. Luego, no volvíamos a saber de dicho animal. Casi todos decían que se los comían,  yo me guardaba mi pensamiento para mí, en mi mente no ofendería nadie.
Seguí subiendo, intentando recordar a todas las personas que había visto el día de hoy, pero por alguna extraña razón el gato se habia ganado todos mis pensamientos.  Dichoso gato. Vi una cantidad de cajas bastante abundante en gran parte de las escaleras y del descansillo de mi planta, no pude evitar que una mueca  de desagrado, esperaba que todo aquello desapareciese y rápido. Una vez frente a mi puerta, miré de reojo hacía atrás, mirando la puerta de enfrente, podría ser cortés por una vez en mi vida, saludar y volver a mi hogar con mi preciada soledad, quizás tomar un baño, o podría hacer todo aquello de manera directa sin tener que pasar por un saludo incómodo, que finalizaría con un ¿quieres pasar?  o quizás con un silencio incómodo. Tardé demasiado en decidirme, el nuevo vecino estaba saliendo de su casa para coger una nueva caja, aunque antes de cogerla, se debió de dar cuenta de mi presencia y de mis ojos observándole, aunque siempre evitando el contacto con sus ojos. Me sonrió de manera amable, los modales nunca están demás, yo me limité a hacer una pequeña mueca que quizás  podría considerarse como una sonrisa.  Se acercó a mi mientras limpiaba sus manos llenas de polvo (seguramente) con el pantalón.
-¡Hola! Imagino que serás mi vecina de enfrente.- chs, un poco idiota por decir aquel comentario tan evidente, me fijé en cómo me ofrecía su mano en forma de saludo.
-Sí, encantada soy Alma, bienvenido al edificio.- miré su mano con cierto descontento, no me apetecía tocarle, aunque como siempre dicen, hay que ser amables, le di mi mano aun con desconfianza, incomodo.
-Lucas, igualmente tienes un nombre bonito, Alma.- dijo con una sonrisa nerviosa, para cualquier persona podría haberle resultado adorable junto a ese comentario sobre mi nombre, pero para mí resultó ser  patético. Y como yo ya sabía y había dicho anteriormente, surgió el momento del silencio incómodo, él miraba hacia los lados nervioso y yo me dedicaba a mover la mano para oír el sonido de las llaves como muestra de mi aburrimiento.
-Te invitaría a algo, pero como puedes observar, todo está hecho un desastre.- Oh no, eso sí que no.
-No pasa nada, de todas formas, yo me tendría que ir ya, un placer Lucas.- me di la vuelta con prisa por entrar en mi casa, cuando iba a cerrar la puerta le miré por última vez, me hizo un movimiento de mano  en forma de saludo.
-Igualmente Alma, espero que nos veamos más.- dijo con otra sonrisa amable, está vez opte por callar y le miré a los ojos esperando sentir algo, no sabía el que, pero algo, pero como en otras ocasiones de mi vida la sensación fue la misma.
No sentí absolutamente nada y terminé de cerrar la puerta reguardada en mi pequeño apartamento.

jueves, 13 de octubre de 2016

Trai.



-Calíbralo bien… ¡No! ¡Así, no! ¿Qué se supone que estás haciendo? ¿Quieres  matarnos?
-Perdona.- dijo suspirando mientras se quitaba las gafas de protección y resoplaba con cansancio.- es solo que tengo la mente en otra parte y me cuesta concentrarme en todo este tema.
-Ya te dije millones de veces que cuando tengas la cabeza en otra parte que te quedes en tu maldita casa, no podemos permitirnos fallos en el experimento o saldremos volando los dos…- dijo en forma de regañina mientras la muchacha agachaba la cabeza avergonzada, la miró con cierto sentimiento de culpabilidad y él también se quitó las gafas.- Veamos pequeña científica, ¿qué te pasa?
-Nada, ósea, llevo unos días en los que no descanso bien, me duele mucho la cabeza, debe ser por los cambios de presión, empieza a hacer frío.- dijo ella sin establecer contacto visual, mientras que los ojos del otro se posaban sobre ella y lo notaba, era como si la estuviese juzgando por algo que no hizo, o quizás ahí estaba el problema, que no lo había hecho nada al respecto.
-¿Estás segura de que no hay nada más que te ronde la mente? Ya sabes que puedes perfectamente contarme cualquier cosa que te pase, quizás así logremos encontrar el foco del problema y eliminarlo.
-Estoy segura, no se preocupe profesor, todo va bien.- dijo de manera insegura y aunque llevaba trabajando codo con codo con aquel científico durante más de un año, había algo que le impedía confiar en otra personas, como si notase que en cualquier momento le fuesen a traicionar, pero aquel asunto era más rebuscado de lo que podrían imaginar y decir alguna palabra de más podría traer problemas tanto a ella, como al profesor.
-Trai, quiero que sepas que sea lo que sea, tiene solución, a menos de que estemos hablando de la muerte, entonces ahí no podré ayudarte, debes saber que hay personas buenas dispuestas a ayudarte, quizás yo no sea esa persona, a lo mejor esa persona está allí afuera… algún amigo…- ¿Amigos? ella no tenía amigos, había dedicado su vida a los laboratorios.- algún chico especial…- Claro, no tenía amigos, como para tener un amigo especial, ¿Qué clase de broma era aquella?- o incluso un especialista, un… psicólogo, creo que se llamaba.- no, no podía contárselo a un extraño, esos serían los primeros que la juzgarían aunque su trabajo fuese el escuchar y aconsejar, pero ya se sabía de que de las personas nunca hay que terminar de fiarse.
-A veces el silencio, es la mejor manera de expresión.- dijo intenta rehuir del tema.
-Escúchame, puedes contar conmigo, si temes que pueda traicionarte o contar algo a tus padres, ve olvidándote, a parte de mi compañera, somos lo que viene a ser amigos, no tengas miedo, confía en mí.-
-Está bien…  apenas he tenido problemas en mi vida, todo me ha ido bien en el ámbito profesional, míreme tengo un carrera y estoy trabajando en este experimento maravilloso desde hace ya un año, en el social me da igual, nunca encajé con nadie, cuando la gente estaba bebiendo y perdiendo su virginidad yo estaba estudiando con mi microscopio un meteorito que había caído en el patio de atrás de mi casa... nunca encajé, pero tampoco me importó yo era feliz en mi mundo, aunque también tuve mis pequeñas aventuras con chicos, aunque fuesen soñadas. Bueno, todas eran soñadas. Si veía un chico mono, le observaba tan atentamente como si de un ser extraño se tratase, como si fuese una nueva especie en el planeta preparada para ser diseccionada y estudiada, memorizaba sus movimientos y sus gestos, con los que tuve oportunidad de hablar memoricé también sus formas de hablar y de mirarme, muchos me miraban pensando que llegarían a algo más aparte del diálogo conmigo, pero no, a mí me valía con soñar con ellos, luego todo aquello lo representaba en el sueño y me despertaba feliz y así estaba siempre hasta que me empezaba a gustar otra persona, entonces ese último sueño cambiaba, ya no me seducían, ni paseamos por grandes parques de la mano, ni comíamos helados mientras charlábamos de la política actual, ni bailamos pegados de manera que todo se volviese intenso, nos encontramos solos, mirándonos, podía ver en sus ojos como me tienen miedo, es como si estuvieran atrapados y se quisiera ir de ahí, entonces la ira se apodera de mí, por sus deseos de abandonarme y dejarme sola y entonces, ya no soy yo. Quiero matarlo. Y lo hago. Y disfruto haciéndolo. Cuando despierto no me levanto feliz, me levanto relajada, como si me hubiese quitado un peso de encima, como si ya me diese igual todo, entonces mi obsesión termina y ya no pienso en el chico, se va de mi mente y por no recordar no recuerdo ni su nombre. - mira sus manos y sus uñas largas, las tiene sucias, tiene roña dentro, lo ha contado y no se siente mejor, para nada se siente mejor, el silencio de su compañero de trabajo le hace pensar que todo fue un error, que jamás debió abrir la boca, lo  has hecho mal Trai, lo has hecho muy mal.- Me tiene miedo.
-Por supuesto que no, no tienes por qué preocuparte por esos sueños Trai puede ser por miedo a confiar en alguien o….
-No son los sueños los que me preocupan profesor, como le dije antes, disfruto con ellos.
-¿Entonces? - tragó saliva nervioso, la chica había empezado a acariciar el borde de una sierra que se encontraba en la mesa para cortar las grandes vigas de metal, en sus labios había una sonrisa discreta que parecía tener miedo de salir, aunque cuando la conoció la chica ya le pareció suficiente extraña, este comportamiento le estaba asustando, no era usual en ella, aunque lo que menos se esperaba eran aquellos sueños y pensamientos de aquella chica tan dulce que se sonrojaba incluso cuando por la mañana la llamaba ''bonita''  en forma de saludo.
-¿Quiere saber cuál es mi problema?- dijo conectando con sus ojos color miel que a veces recordaban a los de un gato, tan profundos, tan directos, tan intimidantes para un rostro tan sumamente infantil.
-Solo si tú quieres.
-Ya que empezamos, acabemos. No está bien dejar las cosas a medias, es la primera regla del orden.
-Está bien.- se recostó sobre su silla y empezó a escuchar.
''Hace alrededor de unos días, saliendo del trabajo, vi una silueta que me hizo quedarme atónita, me cautivo, no había visto su rostro, solamente pasó por mi lado y con aspirar su aroma me bastó para saber que aquella persona sería la próxima en mis sueños, el dueño de ellos, de cada pensamiento que me surcara la mente. Seguí andando un rato más dirección opuesta a él, hasta que paré, no podía irme sin ver su rostro, sin saber cómo hablaba, así que di media vuelta y empecé a seguirle de manera discreta obviamente, a veces se paraba y miraba hacia los lados, se debía de sentir observado o quizás solo ocultaba algo. Llegó a un bar, un bar de estos populares a los que suelen acudir personas de mi edad, para lo evidente: alcohol y drogas. Dudé durante un minuto si entrar y abordarle en la tenue luz de la discoteca y con la música atronando en los oídos, no es lugar muy agradable, pero quien sabe, pensé que tendría suerte, definitivamente entré decidida, el portero me miró de arriba abajo de manera furtiva y durante un momento me hubiese encantado acabar con su vida arrancándole los ojos en ese mismo instante, pero ese pensamiento se desvaneció de mi mente como si de un rayo se tratase, debía concentrarme. Nada más entrar, el olor a sudor azotó a mi pobre olfato y mis pupilas se agrandaron por la escasa luz, por un momento pensé que sería el ambiente perfecto para que un violador actuase, nadie sabría qué has sido tú, nadie te ve, estaban cegados por la noche, por la diversión y el placer. Jamás entendí que tenía de divertido trasnochar, beber hasta perder el conocimiento y acabar en la cama de algún desconocido que con algo de suerte no te hubiese pegado cualquier enfermedad. Miré hacia mis lados con la esperanza de encontrarle, a pesar de la escasa luz, tenía una sensación de cuando estaba cerca de mí, creo que algunas manos no dudaron en tocarme el culo y más de uno hizo un intento fallidlo de acorralarme contra una pared mientras me azotaba con su asqueroso aliento, sentí verdaderas nauseas y ganas de irme, pero aguante, solamente porque quería verle y escucharle. No quería nada más.
Cuando estaba a punto de rendirme, darme por vencida y darme la vuelta y largarme de aquel nauseabundo lugar, su olor vino a mí y me giré de manera inmediata, y le vi parado, mirándome, anduvo hacia mí y yo hacia él, cuando estuve a su altura, ni si quiera pude verle el rostro y eso me desquiciaba.
-Hola.- dijo él de manera grave poniendo cada uno de mis pelos en punta, el olor de su aliento era extraño, como si hubiese chupado un clavo de hierro, olvidé hablar en un segundo, jamás estuve tan nerviosa en mi vida y aunque mi cerebro mandase ordenes de hablar, de mi boca no salía ninguna palabra, así que me di la vuelta y me fui, ya tenía todo lo que necesitaba, tenía su voz grabada en mi mente a fuego, no oí pasos detrás de mí, ni nadie que me detuviese y volví a casa. Soñé con él, pero de manera diferente, estaba todo el rato entre sus brazos sintiéndome protegida y cuando desperté, me sentía triste, porque no le veía a mi lado.
Al día siguiente, volví a salir del trabajo,  hacia muchísimo frío y nadie estaba en la calle, ni si quiera los gatos, todo estaba oscuro, pero no tenía miedo, pasé al lado de la discoteca, de la noche anterior, volvía a estar llena, pasé de largo, allí no se me habia perdido nada, aunque me preguntaba si él seguiría allí, debería de darme igual, yo ya tenía suficiente con lo de la noche anterior, me regañaba a mí misma por querer aún más, infantil y tonta, esa era mi descripción. De repente, unos ruidos en un callejón llamaron mi atención, me agarré a mi chaqueta mirando con curiosidad entre las sombras encontrándome lo evidente: nada. Anduve un poco hacía allí.
-¿Hola?- me sentí estúpida nada más decir eso, salté hacia atrás en cuanto oí como algo se golpeaba contra la pared, quise salir corriendo, huir, salvarme de lo que estuviese ahí dentro, pero mi cuerpo ignoro el mensaje de peligro y decidió volver a andar en silencio, lo que vi, me dejó con la boca abierta y sin pulso, le estaba apuñalando. El nuevo dueño de mis sueños apuñalaba a una persona desconocida rasgándole de arriba abajo, abriéndole en canal, sentí nauseas, asco, estaba tan concentrado en su tarea que ni me vio ahí, no notó ni mi presencia. Estaba expurgando en el interior de ese desconocido, susurrando cosas que ni entendía y lo peor fue, verle agacharse y beber la sangre que salía del desconocido y entonces recordé el olor metálico de la noche anterior que salió de su boca, no pude evitar soltar un sollozo de pensarlo, me maldije a mí misma, había hecho ruido, su cabeza se giró como un rayo y entonces pude ver su rostro, era guapo,  con la boca llena de sangre, y los ojos de un maniático, que ahora tenían su mirada puesta en mí, mi respiración se agitó, debía huir, pero avancé hacia él otro poco, vi como sonreía, como mostraba sus dientes ahora llenos de un color rojo intenso, volvió a centrarse en su víctima, no podía parar de mirar y mucho menos cuando sacó el corazón y lo mordió, se estaba comiendo un corazón, me volvió a mirar, se acercó a rastras a mí, y cuando estuvo a una distancia prudente, estiró el brazo acercándome aquel corazón al que le faltaba un trozo, me lo estaba ofreciendo, quería que yo también lo mordiese.
-Hola.- dije respondiendo a su saludo del día anterior. ''