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domingo, 21 de abril de 2019

Volver.


La lluvia caía sobre mí y sobre él, empapados estábamos en frente, en medio de una carretera abandonada, sin luz excepto la de la luna, no había nadie que pudiera escucharnos. Abandonados. Pedí alguna ayuda mental a algo que no iba a encontrar, intenté ofrecerle mi mano para que me guiará allí donde mis ojos no veían, me sentía completamente ciega y muda.

Ella estaba con la respiración agitada, yo no sabía calmarla porque nunca supe como hacerlo, era lo más difícil el tiempo que estuve sosteniendo su cuerpo, no se dejaba, siempre con contras, nunca a favor, siempre lejos, nunca cerca. Cada gota era como un pequeño trozo de hielo impactando en mi piel. Creí distinguir su mano entre aquel manto de agua, preferí no arriesgarme a acercar la mía por si se asustaba. No emitía sonido excepto el de su agitada respiración y quizás debí preguntar cómo podría ayudarla, pero yo también necesitaba ayuda. Necesitaba encontrar la salida de estar dentro de su cabeza, estaba totalmente atrapado en sus pensamientos, nunca supe que me quería decir. 

Yo ya sabía que mejor estábamos separados, que así nada dolía, que así todo se olvidaba, pero estar aquí bajo la lluvia... Me hacía darme cuenta que quería soñar, que me quería acercar. No tenía miedo y tampoco entendía el porqué, las distancias siempre fueron acogedoras. Se movió y por inercia, di un paso atrás.

Quería abrazarla, lo necesitaba con toda mi alma, darle el poco calor que mi cuerpo podría transmitir, hacerla sentir protegida, no me esperaba que se alejara, quería preguntarle por su miedo. Que por primera vez desde que nos vimos, me dijera que sentía y sobre todo, qué quería de mí. Yo se lo daría, porque tenía claro, que siempre caería.

Mi miedo a quererte, quise gritarle. La pregunta de por qué te vas, nunca llegó, tampoco la busqué, no lo vi necesario. En aquellos momentos el agua me despertaba de la realidad y me llevaba a descansar. Las piernas me temblaban y me quería tirar al suelo. Le veía mejor y recordé lo que era tenerle cerca.

Su pelo estaba empapado y de su rostro caían gotas que desconocía si eran de la lluvia o lágrimas que brotaban de sus ojos, volví a dar un paso hacia delante y no se movió. No di otro por si volvía a retroceder. Lentamente me acercaría, pero como un animal asustado, si lo hacía lento, antes llegaría a mi objetivo. No te alejes.

No me quería alejar aunque estaba aterrada. Le pude mirar de arriba abajo dejando que mi memoria le imortalizase. El sol salió de su escondite entre las nubes, sus rayos alumbraron su rostro y el brillo de su pelo ceniza por la lluvia sobresalía. Ahora era él quien temblaba. Se acercó otro poco y estuve a punto de correr a su encuentro. Un acantilado a sus espaldas.

Un bosque a sus espaldas, besarla bajo los árboles y que el musgo nos acogiera, acabar embarrados de arriba abajo, escucharla reír mientras los pájaros silbaran. Sentir cada cosa que saliera de ella, entrar en su alma como si nada más importara.

Nada estaba bien, volver a lo anterior...

Su mirada bajó y sus ojos se escondieron tras su pelo, di otro paso hacia ella. Seguía sin saber como actuar con ella y es que era tan impredecible como maravillosa, era el amor de mi vida, la persona por la que lucharía.

¿Y si yo no quería luchar? Acabar ahogados era un pensamiento enfermizo que me consumía cada noche. Quería gritar, correr y volver a gritar. Su mirada me observa con curiosidad, debió de ver mi cara con gritos internos. Me rompí sola sin necesidad de caerme.

Tan rota, tan sola en tu cabeza.

La cabeza me fallaba en ocasiones queriendo desaparecer, otras veces me alzaba preparada para luchar. Sería fácil hacerlo. Sería fácil salir adelante.

Corrió hacia mí impactando sus labios sobre los míos, era un juego de dos que nadie más entendía, agradecí al mundo dejarme sentirla, poder unirme a ella a través de un beso sencillo y pasional, sentí el mundo desaparecer bajo mis pies.

Fue maravilloso cuando nos tiré a ambos por el acantilado, por fin fui libre.

jueves, 18 de abril de 2019

Mi Rey.


En una era en la que sus ojos eran aquel mínimo ápice de esperanza y valentía. Sus palabras movían masas con fiereza, con un simple "Vamos" el pueblo se levantaba con valor y ansias de luchar y dar todo por su rey. Un rey benevolente y modesto, nombrado rey sin riquezas, rey del pueblo. Uno de nosotros. El pueblo dudó al principio, ¿un rey en estos momentos de guerra? Lo importante era la milicia, fuerte y soberana. Aquella para dirigirnos a la libertad. A nuestra tierra trabajada con esfuerzo y sudor. Pero él ayudó, de rodillas plantó y juró, juró que la tierra era nuestra y que ningún patán dispuesto a usurparla se saldría con la suya. Nadie sabía de su procedencia, nadie le vio llegar, ni si quiera yo con los secretos del aire le vi venir. Quizás por eso, pisé tierra jurando apoyo hasta el día de mi muerte. Quizás, por eso me uní con sangre a su rebeldía. Quizás por eso, me enamoré.
Juré a los dioses que siempre estaría, que siempre lo protegería ante cualquier mal que se atreviera a irrumpir en su camino, pero al igual que vino sin que nadie tuviera conocimiento de él, se fue. Y esta vez, al igual que la anterior, el viento tampoco me avisó de cuándo y cómo se lo llevaría. Pero lo juré, ser fiel incluso cuando estuviera en el mundo de los muertos, siempre unidos y hoy, vengo con el valor que me transmitió con su mirada, hoy vengo para escribir su historia. Por ti, mi Rey.

Sin mencionar nombre durante todo el relato que se convertirá en leyenda, le llamaré Rey, el Rey del pueblo o el Rey sin riquezas, sin riqueza porque como bien se diría, vino sin ningún "duro", solamente montado sobre un caballo negro, con armadura de hierro sin ningún escudo con el que identificarlo a alguna tierra y ese, fue el mayor error de mis gentes, intentar identificarlo con algún territorio. Un arco atrás colgado y una espada fina como el hielo, potente como el diamante, ligera como una pluma situada a su izquierda. Cogía la riendas con delicadeza y en seguida pude sentir su aura y espíritu cuando bajó del caballo, tomó la tierra del suelo deslizandola por sus dedos, todos mirábamos impactantes, yo estaba escondida tras un arbusto de moras y mi mirada inspeccionaba todo su ser. Siendo yo bruja, futura consejera de mi pueblo y hablante en el lenguaje de los muertos, me hechizó. Y aunque estuvo mal permitir aquello, siempre la tomaré como la mejor decisión de mi vida.
Cuando terminó de palpar la tierra se atrevió a mirarnos, la tensión estaba presente en cada uno de nosotros, a pesar de su hechizo sobre mí, una parte de mi alma de advertía ante lo desconocido y es que al igual que otros, podría venir con el simple objetivo de acabar con nosotros. Pero aquello no pasó. Su mirada dura poseía compasión, ternura. Y creo que fue en aquel momento cuando mis labios susurraron aquel "lo juro" y me atreví a salir de mi escondite.
Mi pueblo estaba totalmente bloqueado, sin líderes nadie sabía quien debía referirse a él, fui la única persona en dar un paso adelante, aún desconociendo si conocía nuestra lengua.
Mientras me acercaba, sus ojos se posaron en mí, una vez a su altura alcé mi mano.
-Owe, caballero. - el silencio se instauró en nosotros, imaginé que aquello significa su desconocimiento en mi idioma, aunque algo me sorprendió, repitió mi movimiento y se inclinó hacia delante.
-Owe, dama. - con delicadeza posé mi mano sobre su hombro para que volviera a ponerse recto, mantuve la seriedad en mi rostro, el pueblo seguía observando nuestros movimientos.
-¿Qué busca por estas tierras? ¿Cobijo? ¿Alimentos? ¿Agua? Le informo que esta tierra tiene lo necesario para mi pueblo. Para nuestra supervivencia, así que obviamente, no le proporcionaremos nada de eso a menos que haya un intercambio.
-Disculpe, dama. Vengo a por todo eso, pero para quedarme. Permitame usted, bruja, trabajar estas tierras y crearme un futuro con su pueblo.
-¿Y qué podría ofrecer usted a esta tierra? Siendo viajero disculpe mi desconfianza al pensar que huye de algo. No admitimos foragidos, ni ladrones y muchos menos gente desterrada. Porque si vos sois de esos, permitame decirle que esta tierra no perdona los errores del pasado a menos que se la honre. Y a parte del arco y un arma afilada, no sé qué confianza puede darle.
-Señora, ¿tan horrible le parezco? Puede ser que huya, pero huyo de infelicidad, llevo recorridos miles de palmos, un camino me trajo a estas tierras, a su pueblo. Un pueblo que ni el mejor mapa señala, ni los exploradores llegaron a sus tierras, mi señora.
-Esta tierra no es mía. Mi pueblo y yo, somos de la tierra.
-Pues permitame quedarme. Déjeme ser parte de su tierra sin permitir que el pasado afecte. Sin preguntas. Póngame a prueba, observe como mi honor honrará esta tierra. Como sus gentes me incluyen y como incluso usted, me ve parte de su pueblo. - me callé durante unos minutos, lo había jurado y aún así le mostré el camino para echarle y deshacerme de él. Pero su discurso me convenció y con un movimiento de mano, posandola sobre su frente, le decí mi confianza.

Mi Rey trabajó y se ganó un sitio en mi tierra, con la promesa de nunca indagar sobre su pasado. Construyó un hogar modesto, tardó cuatro días y sin ayuda. Ofreció su caballo a aquellos que salían a inspeccionar más allá de las montañas, más tarde se unió a ellos, trabajó codo con codo para ir cada vez más lejos y motivó a sus compañeros para ampliar el territorio conocido. Yo le observaba desde la sombra, hablaba con el viento para que me informase sobre sus aventuras, rezaba a la tierra por su protección y adoraba al bosque, para que sus habitantes no le atacasen, aquello fue lo que más sudor me costó, el bosque no lo conocía y él, como un extranjero sin mucho rigor en la cabeza, tampoco se esforzó en buscar la sintonia. Fue la segunda vez que hablé con él, llevaba ya 4 lunas con nosotros, ya estaba incluido en las expediciones pero siempre volvía con heridas bastante feas mientras que sus compañeros estaban intactos. Ecuerdo aquel día, tuve que interrumpir a una compañera en sus curas y ocupar su lugar.
-Sascha, por favor. Retírate, yo acabaré esto.- la joven muchacha sin mediar palabra se despidió con un movimiento de cabeza y se fue. Seguí con la labor de mi compañera en silencio, eran heridas profundas, arañazos que parecían heridas de guerra, de arma.
-Cuanto tiempo. - lo dijo con un susurro y es que el silencio que había en aquella choza no era perturbado, ni por pájaros ni por el gentío del exterior.
-¿Qué consideráis tiempo? No pasó ni un año.
-¿Os parece poco un año?
-El tiempo es muy relativo, caballero. Para dos amantes un año es el infierno, para un asesino y la familia de la víctima un año, es un suspiro.
-¿Cuanta edad tenéis?
-¿Acaso eso es relevante para curarle?
-No, por supuesto que no, es simplemente... Por hablar.
-¿Le parece mi edad un buen tema de conversación? - terminé de curarle y me levanté para guardar las curas, me quedé de espaldas.
-Disculpe mi intromisión, es simplemente que la veo tan joven y a su vez tan madura, que me desconcierta, pero dígame, ¿de qué preferís hablar?
-¿Que le parece si hablamos de sus heridas? Es curioso que sus compañeros lleguen en perfectas condiciones y usted en su gran mayoría, magullado.
-Pues no sé porqué, mi señora. El bosque es hostil.
-¿Hostil? Es el refugio de miles de seres, ¿cómo osa a decir que el bosque es hostil?
-Entonces, dígame usted, bruja. ¿Por qué acabó así, lleno de heridas? - sentí como se levantaba y quedaba a unos simples metros de mí, sus ojos verdes como el agua del lago fijados a mi nuca. Sentí aquel tono despectivo al decir "bruja".
-Es un irrespetuoso.
-¿Un irrespetuoso? Su tierra y gente me ha aceptado, por mi esfuerzo y mi cariño a esta tierra. Los frutos y vegetales salen brillantes y llenos de nutrientes que comparto sin pedir nada a cambio y sin necesidad de rezos o rituales como los que vos hace.
-Ah, ¿necesita algo a cambio?
-Su respeto.
-¿Mi respeto? ¿Después de hablar así de mi linaje? Tiene usted demasiado desparpajo, señor. Y me está cansando. Jamás recibirá ni mis respetos ni el del bosque el cual espero, que le castigue por sus palabras.- juro y los dioses lo saben, que mis intenciones eran para ayudarle, ayudarle a que el bosque le viera como uno de nosotros. Aquella noche no pude dormir, no paraba de llorar de ira, me acompañaba la noche tronando y sin parar de llover.

Siguió lloviendo durante cinco lunas, lunas en las cuales mi llanto por la noche no cesaba. Dejé de comer y la tierra lo sintió, mis rezos disminuyeron excepto en épocas de expedición porque el sentimiento de protegerle me empujaba a hacerlo. La gente tocaba mi puerta pidiendo bendición y buenaventura, pero mis puertas estaban cerradas. Solo el perdón podría liberarme de aquella cárcel de ira y llanto.

Todo se encharcó, una vez finalizada la quinta luna, me atreví a mirar por las ventanas. El sol brillaba y lo sentía por la calidez de mi corazón y la paz de mi espíritu. Un nuevo camino se acercaba, un acontecimiento que por mi insensatez no pude apreciar. Pude pasear por el poblado, ayudé a las cosechas ahogadas, susurré a la tierra para que lo plantado no se ahogara y dejara a sus hijas, las semillas crecer tranquilas. Repartí bendiciones a los hogares nuevos y los antiguos. Agradecí el perdón de mi pueblo por mi desaparición.
Esperé la vuelta de los hombres ansiosa. Mis rezos solamente eran interrumpidos por comer, mis noches eran en velas rezando a la luna. Una noche salí a pasear, el bosque me acogió, sus huéspedes me reconfortaron y me contaron secretos de cómo estaban, sabían de todos menos del caballero, el bosque les prohibió hablar del extraño, aquella noche fue la única en la que pude descansar, las raíces de un gran árbol me abrazaron hasta el alba, me despertó el canto de los pájaros y una cantidad insana de gritos procedentes de mi pueblo. Salí corriendo tras escuchar lo último, sentí algo como se fracturaba, lo sentí en mis huesos y bajo mi piel y me dolía.

Vi los caballos. Habían vuelto, pero no había síntomas de cansancio o de alegría por la vuelta. Sentí miedo. Sentí tensión, preocupación. Me recuerdo corriendo a la choza de curas, aquella que desde hacía cinco lunas no había vuelto a pisar a pesar de saber, que después de cada expedición estaba él ahí.
-¡Mi señora! - Sascha, corrió y se abrazó a mis faldas. - ¡Se muere, señora! ¡Se muere! - la aparté de mi lado y la dejé abrazada a una matrona. Me acerqué a la camilla para encontrarle. Su respiración era débil y una flecha estaba clavada por la zona del corazón, sudaba y sus ojos cerrados estaban apretados por el dolor.
-Pueblo, id en tranquilidad. Sin miedo, dejadnos a solas, por favor. - mi gente me hizo caso y saliendo de la choza en silencio nos dejaron solos. Me puse de rodillas al lado del matojo de paja en el que estaba recostado. Le acaricié el rostro y este se relajó, se permitió abrir los ojos.
-Mi señora. - susurró. - Perdone mi soberbia. Perdone mi ignorancia. Acepte mis respetos...
-Shhh. Guarde fuerzas, prometo ser delicada.- Le quité los ropajes rajándolos dejando su torso al desnudo, observe la flecha clavaba, di gracias a los dioses de que esta no estuviera clavada en su corazón. Le susurré consuelo al oído con la petición de aguantar el aire, saqué la flecha mientras sus labios solo expresaban furia y dolor, me dolió verle derramar lágrimas. Curarle fue lo más sencillo, ahora tocaba esperar.
Recé con todas mis ganas, todo el día y noche, descuidé mis labores con el pueblo incluyendo mi bienestar, no me moví de su lado en ningún momento. Toallas húmedas sobre su cuerpo para bajar la fiebre, miles de telas manchadas de un río sangre que no cesaba aunque la herida estuviese cosida. Temí por su vida y le lloré en silencio las pocas veces que conciliaba el sueño.
Tuvieron que pasar otras cinco lunas, las mismas lunas que pasé curando mi propia alma. Y lo entendí. Nuestra felicidad y dolor estaba unido desde el momento en que juré ser, estar y vivir para él. La tierra no nos dejaría estar separados. Mi quinta luna, abrió los ojos.
-¿Mi señora?
-Caballero. - sus ojos se unieron a los míos y encontré paz.
-Ayudadme a unirme al bosque, tiempos difíciles se acercan.
-¿A qué se refiere?
-Vienen a por nosotros.
Mi Rey fue atacado, el bosque no le protegió a diferencia de sus compañeros.
Mi Rey.
Habló de guerreros, con armaduras más robustas que las suyas, con armas más letales. Un arquero escondido tras un arbusto fue quien le dio. Quien por casi le arrebató la vida. Hicimos una asamblea con todos, hombres, mujeres y niños. Antes me comuniqué con los muertos, con ancestros y antepasados. Hablé con el bosque el cual estaba enfadado por aquella intromisión y culpaba a mi Rey. El viento me chivó los secretos de nuestros enemigos, teníamos un año para prepararnos. Un año para luchar. La primera guerra después de 500 años de paz y varios tratados con aquellos que estaban más lejos. El viento me contó que se habían cansado de aquella paz. Querían luchar y reclamar la tierra. Informé a mi Rey y en aquella asamblea se alzó con mi mano entrelazada a la suya y mi apoyo incondicional.
-Hermanos, hermanas. Después de 5 lunas en la sombra, hoy salgo recuperado. Vengo fuerte y ansioso, eché de menos vuestros rostros. Pero lo ocurrido aquel día podría repetirse. Vienen hombres, hombres dispuestos a acabar con cualquier ser que se atreva a ponerse en su objetivo, esta tierra. Desean esta tierra para destrozarla, para no dejar ningún rastro de bondad. Hoy os reúno, para que luchéis a mi lado. Para que os unáis a mí para luchar por lo que es nuestro. Por nuestra tierra. - aquello solo sirvió para atemorizar al pueblo, recuerdo las lágrimas y el miedo. Di un paso al frente sin soltar su mano.
-Mi pueblo, mi gente. Llevamos siglos en esta tierra. Nuestros antepasados lucharon con valor y honra para un porvenir justo. Para que sus descendientes tuvieran un sitio para llamarlo hogar. Entiendo el miedo. Entiendo las dudas. Pero todo se supera, somos fuertes. Y no sé como venceremos, pero contamos con apoyo, los espíritus nos protegerán, el bosque nos defenderá y la tierra nos dará los medios para luchar. Adelante, hermanos. Protejamos lo que es nuestro. - mi pueblo gritó después de años. Sentí orgullo por nuestra unión. Pude notar la mano de mi Rey más fuerte sobre la mía, me sonrió agradecido y no pude evitar devolver la sonrisa.

Los días siguentes fueron duros. Mi Rey vio guerras en su vida pasada, o eso me dio a entender cuando hablaba de como debíamos de protegernos y atacar una vez nuestros enemigos aparecieran. Guió a nuestros ejércitos y habló con los herreros, dio órdenes y mi pecho se sintió orgulloso de verlo. Una vez estábamos todos en nuestras labores intervine.
-Caballero, sígame.- sin preguntas vino tras de mí, le dirigí al bosque, a su entrada donde podías ver su profundidad, miles de cuentos salían le sus secretos, algunos reales otros ficticios. - De rodillas, por favor. - susurré. Nos arrodillamos juntos, podía sertir sus nervios.
-¿Está nervioso?
-¿Debería estarlo?
-El bosque no es un ser, una comunidad, ¿recordáis lo primero que hicisteis cuando bajasteis del caballo?
-Tocar la tierra.
-Exacto. Así os presentastéis a la tierra. La rozastéis, se deslizó por vuestra mano y finalmente ella volvió a su lugar de origen. Como os dije, el bosque es una comunidad, para presentarte tardarías años son demasiados los elementos que viven en él, demasiados seres que lo convierten en un bosque.
-Entonces... ¿Estoy condenado a su rechazo?
-Más o menos, por lo menos por ahora.
-¿Para qué estamos aquí?
-Para presentarte al bosque.
-Pero si dijiste...
-Presentarse no es conseguir su respeto, pero por lo menos es un comienzo, debemos pedirle ayuda. - estuvimos cuatro días y tres noches.

El primer día, en su entrada pidiendo permiso para entrar, yo transmitía lo que el bosque deseaba decir, nos costó. Puesto que mi Rey no conectaba con él, tuvo que renunciar a su orgullo para que el bosque le diera permiso para referirse a él.
La primera noche dormimos en la línea de entrada, bueno durmió él consumido por el agotamiento del día, yo me quedé observando sus rasgos, memorizado la forma de su cara  recé por él en susurros, sin apartar mi mirada en ningún momento, le necesitaba vivo y era algo que el viento no paraba de repetirme de paso, me informaba de lo que veía sobre nuestros enemigos, por dónde iban, cómo se preparaban, qué querían.

El segundo día, el bosque nos dio permiso para conocer el suelo, tuvimos que andar a ras de este, a mi Rey le costó. Aquel suelo era más hostil que el de casa, como él decía. Al final acabamos jugando como dos niños figiendo ser animales en libertad, sucios, llenos de barro y polvo, pero durante aquel día  estuve riendo como cuando era una chiquilla y disfruté.
La segunda noche, se quedó despierto conmigo, el bosque nos dio permiso para apoyarnos en el tronco de un gran árbol, yo recé, recé mis oraciones que durante el día no pude recitar. Me miró, simplemente me miró y cuando la madrugada entraba, se unió a mis oraciones del alba y juntos le rezamos al sol en agradecimiento por un día más.

El tercer día, el bosque nos obligó a estar en sus aguas heladas, aquellas aguas cristalinas que llegaban directas de lo alto de las montañas. Él junto con mi ayuda, le solicitó al bosque desprenderse de parte de sus ropajes, este aceptó. Yo me sumergí en el agua con mi ropa, mi vestido se pegaba a mi cuerpo y pesaba. Tuvimos que recorrer el largo del río, me ofreció su mano y juntos finalizamos el camino, mojados y agotados, llegó la noche.
La tercera noche, volvimos a quedarnos en vela durante la mayor parte de la noche. Sus brazos me rodeaban por mi congelamiento, me proporcionaba el calor que el agua me había arrebatado y aunque mi incomodez era evidente, ningún hombre antes se había acercado tanto a mí, pero era necesario si no quería que el frío me llevara a la muerte o a una enfermedad. Sentía su respiración en mi nuca y sobre mi pelo, sus dedos apretaba mis brazos en algunas ocasiones, yo sentía los nervios recorriéndome y di gracias al destino, porque aunque yo no sabía si en el futuro podríamos tener algo, daba gracias por tener aquel momento que en mis noches más frías, me reconfortaria y me transmitiría calidez.
-Sois magia, bruja.
Fue lo único que me dijo y sin recibir respuesta, me quedé dormida entre sus brazos, aquella noche no habría rezos.

Al cuarto y último día, el bosque aceptó que rezaramos a sus raíces y troncos, nos pidió volver y con juramento de sangre, ambos lo prometimos. Salimos del bosque más unidos, más fuertes y con un apoyo necesario para que todo aquel plan saliera bien.

Esta fue nuestra primera guerra, llegaron con espadas y fuego. Quemaron nuestros al rededores e intentaron invadirnos. Murieron muchos hermanos y hermanas. Yo luché al lado de mi Rey, oraba por las almas perdidas, oraba por mi tierra donde la sangre caía, oré por mi bosque, cuyo árboles no aguantaron el poder del fuego. Oré por mi Rey. Le vi más hermoso que la noche en que me abrazó, le sentí libre, era una danza que enemigo tras enemigo iba perfeccionando. Me tendieron una espada con la que acabé con más de un enemigo, estuvieron a punto de matarme rebanándome el cuello, pero ahí estuvo mi Rey, me protegió hasta el fin de la batalla al igual que yo, desde el comienzo.

"Por ti, mi bruja. Por ti, por lo que amas y por lo que te amo yo a ti."

Fueron sus primeras palabras una vez acabamos hasta con el último enemigo. Desde aquella primera batalla que acabó convirtiéndose en guerra, mi Rey, se convirtió en Rey. El pueblo le alabó y aceptó, un rey sin riquezas, un rey que aprendió con su pueblo, un rey leal. Y yo le amé. Y así estuvimos hasta el final de la guerra y el final de su vida.
Pero eso, es otra historia.