Luces rojas y azules que ciegan mis ojos volviendo todo a mi alrededor negro, mi mente en blanco
sin saber qué recordar, sin encontrar el punto de inicio. Y me duermo.
Entornar los ojos se volvió una acción demasiado complicada
de un momento a otro, mi cabeza dolía como si alguien la estuviera golpeando
con un martillo gigante. La palabra agua salió de mi boca como una orden en me de
cómo una petición de auxilio, porque parecía que el desierto había decidido
teletransportarse a ésta. Intenté relamerme los labios, pero la sensación de aspereza de estos no ayudo para nada, una
sensación de angustia decidió atacar a mi estómago sin piedad, y todavía nadie
había respondido a mi petición de agua, así que con los ojos aun entornados
decidí volver a cerrarlos y volver a dormirme.
Mi segundo intento de despertar y abrir los ojos no había
resultado muy acertado ya que me encontraba en la misma situación de antes solo
que más desagradable, la cabeza seguía siendo un martirio y mi estómago gritaba sin voz, mi boca seguía seca
y mi lengua papel de lija que levantaba la piel de mis labios al mínimo
contacto contra estos. Agua. Era la
única palabra que sabía decir en aquel momento, pero nadie aparecía, ¿y si
estaba sola? ¡Agua! me atreví a
gritar y sintiendo como una sabor metálico subía por mi garganta,
desencadenando una tos enfermiza y náuseas, por suerte escuché como una puerta
se abría y como unos pasos apresurados se acercaban a mi acercando un vaso de
lo que suponía que sería cristal, el tacto del agua sobre mis labios fue un
alivio, bebí aquella agua como si nunca la hubiera probado en mi vida y fuese
un dulce divino de los dioses, pero en cuanto ésta cayó a mi estómago, volvió a
subir en forma de bilis y sangre, vomité. Notaba aquel olor nauseabundo por mi
nariz, y volví a vomitar, fue entonces cuando me di cuenta que estaba desnuda,
ya que todo lo que habia expulsado de mi boca caía por mi cuello y hombros, la persona de mi lado me
ayudo a girarme y seguí vomitado. Su mano no paró de acariciarme la cabeza
hasta que terminé, agua, volví a
susurrar, me daba completamente igual volver a vomitar, necesitaba agua. La
persona de mi lado respondió a mi petición, pero esta vez con la precaución de
no dármela con prisas, fue racionando el agua, poco a poco mi boca perdió ese sabor metálico con bilis, mi
garganta se calmó y mi estómago acepto aquella agua. Gracias, fue lo último que
conseguí articular antes de volver a quedarme completamente dormida.
Mi tercer intento de despertar resultó ser otro mundo, olía
a limpio, lavanda, mi cuerpo se sentía más descansado, mi cabeza parecía mucho
más calmada y mi boca nada sedienta, el estómago dolía, pero pude interpretar
aquello como falta de comida. Esta vez abrir los ojos no resultó un suplicio,
aunque sí enfocar, todo parecía borroso y los colores mezclados, volví a
cerrarlos, un pequeño descanso para acostumbrarme que repetí por lo menos otras
seis veces, a la séptima todo parecía más claro, pude reconocer una habitación
amplia de paredes verdes con cuadros de paisajes y algún que otro retrato que
no logré reconocer, mi cabeza estaba inclinada hacia delante gracias a un par
de almohadas muy reconfortantes, las sábanas que cubrían mi cuerpo eran suaves
al tacto y la colcha me proporcionaba el calor que mi cuerpo necesitaba, a mi
izquierda una mesita de madera con bordados de oro que simulaban flores incrustadas,
encima un reloj digital apagado junto a un jarrón con violetas recién puestas y
a mi derecha una mesita de igual forma, más vacía que la anterior, sólo un
botón azul con un cartel encima: "Si
despiertas, púlsame." Miré a aquel botón con curiosidad, y la pregunta
que me tendría que haber hecho antes apareció, ¿dónde estaba?
Me quité la colcha de encima y la sábana encontrándome
completamente desnuda, como ya me imaginaba que estaría, bajé las piernas por
el lado derecho, y me incorporé, dándole la espalda a la puerta y sintiendo un
mareo por la rapidez al levantarme, cerré los ojos durante un pequeño periodo
de tiempo para acostumbrarme mientras calmaba mi respiración, la luz que
entraba por aquellas ventanas calentaba mi cuerpo, no sabía dónde estaba, ni
que día era, ni cómohabía acabado ahí. Miré hacia el botón, pulsarlo podría ser
una opción que me ayudase a encontrar respuestas, pero tenía miedo de lo que
pudiera encontrar, pero lo necesitaba. Pulsé aquel botón con nerviosismo y me
tapé con la sábana para que la persona que entrase no me encontrara totalmente
desnuda, oí la puerta abrirse y por culpa de la brisa que entro por ésta me dio
un escalofrío que me estremeció.
-No deberías estar incorporada.- dijo una voz conocida que
se apresuró corriendo hacia mí, y le pude reconocer. Álvaro; un amigo que más
que amigo, era un colega con el que frecuentaba los bares de la ciudad en grupo
y que al verle el acto reflejo de taparme más salió a la luz.
-¿Qué haces aquí?- fue lo único que me salió de la boca.
-Espera, ¿me recuerdas?- su tono de sorpresa me confundió
más de lo que ya estaba por su presencia.
-Por supuesto que sí, ¿por qué no te iba a recordar?- me
abrazó casi al instante, no entendía absolutamente nada y aquel abrazo me dio
un mal presentimiento.
-Ari, tuviste un accidente de coche.- dijo mientras se
separaba de mi con la cabeza agachada.
-¿Un accidente? No puede ser, no recuerdo nada, ni si quiera
de coger el coche…
-¿Cuál es tu último recuerdo, Ariadna?- un dolor punzante me
atacó la sien derecha, de repente mi mundo eras flashes de recuerdos, la mayor
parte fugaces, recordaba todo, pero a su vez nada, los recuerdos más cercanos
no sabía situarlos en orden.
-Ari, ¿cuál es tu último recuerdo?- insistía, pero yo no era
capaz de responder, básicamente porque no sabía cuál era mi último recuerdo.
-Álvaro, ¿dónde estoy?
-En casa.
-No, Álvaro, ésta no es mi casa, ni mi cama, ni mi paisaje,
¿dónde estoy? ¿estoy en el hospital? No huele a él, ni si quiera parece uno.
-No te pongas nerviosa, voy a llamar al médico.- dijo
mientras se levantaba y me dejaba completamente sola.
-¡No! ¡No te vayas! - fue lo último que dije antes de que
cerrara la puerta dejándome completamente sola. Cubrí mi cara con las manos,
¿cuál era mi último recuerdo? Por mucho que me esforzara los recuerdos que me
venían tenían toda la pinta de ser demasiado lejanos, o quizás inventados. Pero
había algo de lo que estaba segura, aquella no era mi casa, porque la
recordaba, al igual que a mis padres…
Mis padres.
Si era verdad que había tenido un accidente, lo normal sería
que estuvieran ellos y no Álvaro, aquello sólo aumento mi angustia, me levanté
con prisas de la cama y mis piernas me fallaron que acabé en el suelo, intentar
incorporarme del suelo era tontería, estaban completamente dormidas, apoyé la
cabeza la cabeza en la mesita, no me encontraba para nada bien y lo único que
se me ocurrió fue llorar, llorar hasta el punto de quedarme dormida.
-No me puedo creer que
vayamos a hacer esto, ¿tú estás segura?
-Segurísima, quiero
acabar con esto ya.
-Quizás te hayas
equivocado.
-No lo he hecho, ambos
sabemos que no soy de equivocarme.
Mi cuarto despertar, fue confuso, más confuso todavía delo
que habían sido los anteriores, ya que en mi cabeza vino de golpe la conversación con Álvaro, abrir los
ojos ya no era ningún esfuerzo, y me encontré completamente tumbada en la cama,
solo que esta vez estaba vestida con lo que parecía ser un camisón suave de
seda, giré la cabeza y me encontré a Álvaro mirándome dormir, otro escalofrío
me recorrió el cuerpo.
-Buenos días.
-¿Qué ha pasado?-
dije llevándome ambas manos a la cara.
-Te caíste, cuando llegué con el doctor estabas tirada en el
suelo desnuda.
-¿Me viste desnuda?- dije con voz alarmada.
-Solo fue durante unos segundos, en seguida fui corriendo a
llamar a una enfermera que vino con el doctor para que te vistiera y nos
ayudara a acostarte en la cama.
-Me siento muy confusa.- dije restregándome las manos contra
los ojos.
- Si quieres le digo al médico que venga en otro momento.
-No, dile que pase, por favor, necesito entender cuanto me
va a durar esto.- Álvaro asintió con la cabeza y salió del cuarto para
llamarlo, suspiré de tal forma que todo el aire de mis pulmones salió, darle
más vueltas a la situación no me
ayudaría, solo me haría encontrarme peor de lo que ya me siento. Pasaron lo que
venían a ser los 20 minutos más largos
de toda mi vida, cuando oí cómo llamaban a la puerta y entraba acto seguido
Álvaro y detrás de él un médico muy joven al cuál no le echaría más de 28 años.
-Buenas, Ariadna, me alegra el hecho de verte despierta.- me
sonrió de manera amable, pero no fui capaz de corresponderle ya que mi cabeza
no estaba para formalismos.- Soy el
doctor José Mendoza y llevo tratándote durante todo este periodo de tiempo.
-¿Cuánto tiempo es ese?
-Cada cosa a su debido tiempo, antes de nada tengo que
hacerte unas preguntas para evaluarte, Álvaro, por favor, ¿te importaría irte?
- Álvaro asintió con la cabeza, me sonrió de forma tranquilizadora y se fue, el
médico me cogió de una de las muñecas y tomó mis pulsaciones.
-¿Estás nerviosa?- preguntó bromeando.
-Más bien asustada.
-Es normal, me ha comentado Álvaro que no recuerdas nada del
accidente ni lo que pasó antes de él, ¿es verdad?
-Sí.- dije mientras él sacaba una linterna pequeña del bolsillo
y me alumbraba con ella en uno de los ojos cegándome por completo, tuve que
parpadear varias veces para dejar de ver puntitos negros.
-Vale, todo en orden, voy a hacerte unas cuantas preguntas,
necesito que tus preguntas sean lo más precisas posibles, ¿de acuerdo?
-Sí.
-Vale, ¿cómo te llamas?
-Ariadna Landa.
-¿Sabes cuándo es tu cumpleaños?
-Sí, el 17 de abril fue hace poco.
-¿Cuántos años tienes?
-23 años.
-¿Dónde vives?
-Calle Yugüe, Oviedo.
-¿Sabes qué día es hoy?
-21 de mayo, pero el tiempo parece más frío afuera la verdad.
-Entiendo…
-No es mayo, ¿verdad?
-Ariadna, ¿qué recuerdas de ayer?
-Ayer… estuve todo el día estudiando, se acercan los
exámenes, aunque imagino que me los habré perdido si tuve el accidente.
-¿Te sabes tu DNI?
-Sí, 07432921 X, me lo memoricé ya que estuve un verano
trabajando en una empresa que me requería fichar con él.
-Ariadna, tengo que hablarte de un par de cosas sobre el
accidente, padeces de amnesia al parecer tus recuerdos que han quedado
bloqueados por el 20 de mayo.
-Entonces, ¿a qué día estamos?
-Estamos a 12 de Noviembre, llevabas un mes y una semana en
coma, has olvidado 5 meses.
-No puede ser…- dije notando como el aire de mis pulmones se
iba cortando.
-Escúchame, es normal lo que estás sintiendo, la confusión,
la sensación de pérdida, pero necesito que te centres, sufriste un traumatismo
en la cabeza que te ha producido una amnesia temporal, esto significa que con el tiempo y ayuda vas
a poder recuperar todos esos recuerdos perdidos, yo te iré tratando, tendremos
una cita cada semana.
-¿Y mis padres? ¿Dónde están?
-Todo eso deberás hablarlo con tu pareja.
-¿Pareja?
-Pensaba que Álvaro y tú estabais juntos, no se ha separado
de ti ni un día desde el accidente.
-No puede ser, solo somos amigos.
-Eso deberás hablarlo con él.- mi cabeza estaba a punto de
explotar y otra vez aquel sabor metálico mezclado con bilis atacaba mi garganta
sin piedad.
-Creo… creo que me voy a desmayar.- dije hiperventilando y
antes de que aquel médico joven pudiera hacer nada, yo ya me habia sucumbido en
un sueño completamente negro.
Espectacular...en serio,me ha impactado e impresionado condicionalmente.Enhorabuena
ResponderEliminarNo estaría mal una continuación.