Llovía con furia, aquel viento me recordaba a la rabieta de
un niño pequeño.
Deseaba correr lejos, pero el barco no me lo permitía.
Fantasee con la idea de correr en tierra
firme, en playa de arena blanca oscurecida por las gotas que caían en aquella
tormenta, tratándose de un llanto tras meses de sequía. Hacía meses que no llovía.
Por eso no pisábamos tierra firme. Los rayos iluminaban de forma tenue mi
camarote. Reinando la simpleza en mis 4 paredes metalizadas, totalmente en
aislamiento de lo que estuviera pasando a mi alrededor. Me incorporé de la cama
para observar mejor el diluvio, era toda una guerra, una guerra que me
encantaría tocar e inmortalizar. Deseaba saber pintar todo aquello que los
rayos iluminaban, era un paisaje que duraba unos simples segundos, 3 a lo
máximo, me bastaba. Lo habia memorizado, pero a quién pretendía engañar,
siempre lo acabaría idealizando, era una belleza imposible de plasmar.
-¿Estás?- una voz al otro lado de la puerta me despertó de
mis pensamientos, refugio seguro en una intimidad que brillaba por su ausencia.
Me dirigí a la puerta con desgana, sin reloj sabía que era tarde, el toque de
queda habia pasado. Una vez abrí, las luces de emergencia se habían activado y
en aquella tormentosa oscuridad unos ojos café me traspasaron, sabiendo ya qué
buscaban y cómo acabaría.
-No.- dije lo más rápido que pude mientras cerraba la
puerta, pero un pie se interpuso. Se avecinaba la condena por desear más de lo
que jamás lograré tener.
-Por favor.- unos ojos de cervatillo que intentaba evitar me
traspasaron con súplica. Pero no quería.
-No quiero ir, es tarde. Vete.- volví a intentar cerrar la
puerta, pero lo único que sé es que ayudé para que terminase de colarse en mi
camarote y junto a ello un bufido de mi parte. Me agotaba.
-¿Por qué no?- dio una vuelta sobre sí clavando su mirada a
la mía de manera traviesa, sentí pereza y atracción.
-Es tarde.
-Está lloviendo, no vas a dormir te conozco te quedarás
encima de tu nube imaginando como sería estar fuera.
-Eso no es verdad. Estaba a punto, pero me has interrumpido.-
dio un paso hacia mí, sentí la incomodidad e involuntariamente di un paso atrás
y así estuvimos hasta que mi espalda chocó contra la pared, saber que algo va a
pasar antes de que ocurra es una de las sensaciones más perturbadoras
existentes, sobre todo cuando no puedes evitarlo.
-Ven conmigo, ahórrame tiempo.- me callé y miré mis zapatos,
mirarle a los ojos suponía perderme, caer, ceder.-Por favor, sin ti me perderé.
Tienes más cabeza que yo, más estabilidad, ¿quieres que me caiga?
-No manipules.
-No lo hago.- con su mano subió mi cara hasta que llegó a sus
ojos.- Es simplemente lo que pasaría si no vienes conmigo, me perdería.- me
relamí los labios intentando encontrar mi orgullo y a mi capacidad, completamente
nula, de decirle algo tan simple como un "no" a la persona que tenía
delante. Siempre las cartas a su favor. Acercó su boca a la mía, sin tocarla,
sin rozarla y me quedé sin aire.- Por favor, ven.
-Esto no vale.- dije sin quitar mi mirada de sus labios.
-¿Vendrás?
-Te odio.
-Ojalá lo hicieras.- se apartó de mí y pude respirar. Su
cercanía me alteraba y lo sabía. Me relamí los labios y obvié su última frase.
Me negaba a discutir.
Una vez me puse las zapatillas y con el abrigo encima, recorrimos
los pasillos, tenía razón, la luz había desaparecido en todo el barco, las
luces de emergencia daban un toque siniestro a todo el barco, avanzaba en
silencio, no me habia contado dónde íbamos y tampoco lo que haríamos, lo
primero lo intuía, en un sitio como este los escondites eran muy limitados, las
cámaras abordaban todo el barco. Lo segundo me causaba más tensión y que me
buscara por protección para pararle los pies cuando fuese necesario,solo me
causaba angustia. Pasillo a la izquierda, pasillo a la derecha, su destreza
para moverse era como si tuviera un mapa en su cabeza, siempre me asombró, yo
ya ni sabría como volver a mi camarote. Entonces caí.
-Estás dando vueltas.- me paré en seco.
-Eso no es verdad.
-Sí es verdad, y no me hace ni pizca de gracia, ya puede
empezar a hablar sobre de qué va todo esto, está bien que quieras tener
misterio, pero me merezco una explicación ya que me estás arrastrando.
-Siempre has sido inteligente, más que yo.- se rió por lo
bajo, era tan difícil de descifrar que siempre que lo intentaba la cabeza me acaba
doliendo con jaqueca.- Vamos, queda poco, después te lo explico.
-No quiero ir, devuélveme a mi cuarto, sé que sabes volver.
-No.
-¿No?
-No.
-¿A qué viene todo esto? No quiero jugar más a lo que se suponga
que estás haciendo.- me di la vuelta con decisión y empecé a andar en dirección
contraria.
-¿Qué estás haciendo?
-Irme.
-¡No! ¡No te vayas, te perderás!
-Me da igual, alguien ya me encontrará.
-Te necesito.- paré en seco otra vez y es que aquella simple
frase siempre me hacia parar, era mi stop.
-No manipules.
-No lo hago, es verdad. Te necesito, sin ti todo lo malo
puede ocurrir, me puedo perder y no
exactamente por los pasillos. Por favor.- rozó su mano con la mía, ¿cómo habia
llegado a mí tan rápido?- Guarda silencio, cierra los ojos.- agarró con fuerza
mi mano, empecé a sudar de los nervios, pero no la quitó.- Yo te guío, cierra
los ojos, no pienses. Quédate conmigo.
Quizás debí huir, me lo repetí varias veces por el camino.
Pero por simple casualidad, o eso quiero pensar, cada vez que aquel pensamiento
de huir me venía a la cabeza su mano se aferraba más fuerte a la mía. Podría
enorgullecerme al pensar en su necesidad conmigo, pero algo más fuerte me
recordaba su inestabilidad, su incapacidad de decir la verdad, pero yo caía.
Todos tenemos un "nunca más en vida" ese nunca más que se convierte
en un siempre y que cuando caes lo haces siempre feliz y que cuando tocas
suelo, te duele a rabiar.
Empecé a notar la música, la base tronaba como la tormenta
de fuera, sentí las luces chocando contra mis parpados, olí el sudor, la
intensidad de casi toda la gente que estaba dentro.
-Ya estamos.- su mano se soltó de la mía, abrí los ojos y
las luces me cegaron, láser verdes y rojos recorriendo la sala, los focos de
luz blanca dando vueltas intermitentes sin terminar en ningún lugar, cada uno
se movía a su manera, alguno con éxtasis y no solamente el de sus venas,
saltaban tratando de tocar el techo o hundir el suelo, otros movían sus cabezas
al son de la música y con los ojos cerrados, moviéndose lentamente percibiendo
el momento de forma opuesta a los que saltaban, habia copas de mil colores con
mil desastres en su interior, un DJ totalmente ido, dudaba incluso que
estuviera consciente.
Le miré con mil preguntas en la lengua y me paró poniendo un
dedo sobre mis labios, luego ese dedo acabó sobre sus labios empezando a
sumergirse entre la gente sin parar de mirarme, perdiéndome en su mirada café,
podría haberme quedado ahí, no haberle seguido. Pero no lo hice, seguí sus
pasos sin dejar de tenerle en mi campo de visión, le seguía como un perro y eso
me hacía sentir mal, pero mejor sería dejarlo para mañana, hoy tenía que estar
para su persona.
Se perdió detrás de una puerta y entre empujones logré llegar
hasta dónde estaba, la sala iluminada por dos lámparas minúsculas las mesas estaban llenas de aparatos de
laboratorio no fue difícil adivinar para qué servía aquella sala, si antes
tenía preguntas, ahora me estaba ahogando entre incógnitas.
-Muchas gracias.- le oí decir.- Te debo una.- No me costó
ver la pastilla derritiéndose sobre su lengua, era de este tipo de persona que
se perdía buscando todo lo que le fuese la peor tentación, era un mar
incendiado, lograba detener el tiempo, bailaba hasta el alba perdiéndose en más
canciones de las que sería capaz de contar sin aburrirme, era una isla.
-Es un placer. Ya sabes que para ti es completamente gratis.-
vi una caricia familiar, veía muchas cosas y ninguna me hacía gracia. Mi
presencia estaba totalmente eclipsada por su persona, ese fatídico y a su vez
atrayente don que hacía que cualquier ser humano comiera de su mano, manipulaba
a su antojo, sin miedo de que alguien le descubriera sus intenciones y es
evidente de que era eso lo que hacía conmigo, pero lo hacía de tal manera que
incluso te hacía sentir especial, sabía que era lo que la gente quería y se lo
daba.
-Te presento a alguien especial.- me acerqué a ellos con
timidez, la mirada de la otra persona me intimidaba lo suficiente como para
saber que cualquier estupidez me saldría cara.
-¿Tú tienes a alguien especial?- dijo con tono burlesco.-
Pensaba que eras propiedad de todo el mundo, incluyéndome a mí.
-Yo soy de todo aquel o aquella que me haga feliz. Tú me
haces feliz, mucho.- las pupilas de aquellos ojos completamente rojos se
dilataron como la de un animal salvaje pensando por dónde empezar a comerse a
su presa.
-Casi te creo.- dijo susurrándole.- Os dejo en paz, disfrutad,
mi fiesta es vuestra fiesta, mis drogas también, aunque tienes de sobra para un
buen golpe, no lo desperdicies.- sin querer obtener respuesta, salió por la
misma puerta por la que yo habia entrado dejándonos completamente solos. Un
silencio nos embrujó o por lo menos a mí. Avanzó hacia mí y otra vez el mundo
se paró, tuve mi momento de lucidez.
-Esto está mal lo mires por donde lo mires. Estás rompiendo
las reglas, no puedes hacer lo que te dé la gana siempre.- rompí el silencio y
mi tono sonó más brusco de lo que me hubiera gustado.
-No me hables de reglas y rómpelas junto a mí. Ven conmigo a
buscar tentaciones hasta el alba.
-Estás mal. Todo esto está mal, no deberías de exponerte a
esto.
-Venga ya, me drogo para desconectar de la mierda de esta
prisión, de evadirme, ¿por qué tienes tanto miedo a desconectar?
-No es miedo, es necesidad, no puedo perderme en tu mundo,
yo no pertenezco a él.
-Me perteneces a mí.- sentí sus labios mientras lo susurraba
en mi oido.- por lo cual eres de mi mundo. Tienes miedo, mírate las pupilas, se
te dilatan.
-Y tú las llevas dilatadas, no sé qué mierda te han dado,
pero me estoy cansando de ver cómo te jodes a ti y a los demás.
-Bien observado. Y te diré una cosa, solo jodo a quién se
deja joder. Yo no obligo a nadie a hacer nada.
-Será mejor que me vaya, estoy perdiendo el tiempo.
-No.- me cogió del brazo casi como una súplica.- No te
vayas, por favor.
-No soy tu juguete. Y me estoy empezando a hartar.
-Yo te necesito, ¿tú me necesitas?
-Yo necesito que estés bien.
-No, eso no.- se tiró al suelo y con los ojos cerrados apoyó
su cabeza en el suelo.- me refiero a…-se calló y abrió los ojos, mirando al
techo con confusión.- ¿lo ves?- llevé mi
mirada al techo, encontrándome con una cristalera que te permitía perfectamente
ver el exterior, vi las nubes oscuras y más de una estrella sin ocultar.-
Túmbate a mi lado, por favor, será lo último que te pida.- Dudé como siempre
cuando se trataba de su persona, algo me gritaba que huyera, y sus ojos café me
rogaban que me quedase. Ya lo dije antes, decirle que no me resultaba imposible
al igual que su "lo último que te pida" le resultaba imposible que
fuese verdad, siempre me buscaría y yo siempre acudiría.
Me senté a su lado junto a un suspiro cansado y miré hacia
arriba, el sonido era una mezcla dependiendo de a qué te quisieras concentrar,
podías elegir la música atronadora de la habitación de al lado, llena de gente
a voces, de olor peculiar, de miradas perdidas y a su vez concentradas, de
luces verdes y rojas, fogonazos blancos para mantenerte alerta, activo, vivo. Y
por otro lado, el mar, rugiente chocando contra el barco, iluminado en la noche
por los rayos que iluminaban como flashes, revoltoso por el viento que silbaba,
que te contaba cosas si te concentrabas, que te trasportaba lejos, a dónde
quisieras ir si cerrabas los ojos, mi persona favorita estaba en ese segundo
mundo. Pertenecía a mi mundo por mucho que se empeñara a ser del primero, era
la luz del rayo y el viento revoltoso que incendiaba a mi mar interior. No
tenía mundo propio y yo tampoco, cuando se trataba de nosotros dos, el mundo
nos pertenecía a partes iguales y en aquel momento me lo estaba mostrando.
-Yo te necesito. No solo te necesito bien por ti, si no por
mí, por tener mi motivo para seguir.- su silencio me perturbó, sus ojos se
cerraron nada más empezar yo a hablar, con silencio y ojos cerrados se puso
otra pastilla sobre la lengua, acercó su boca a la mía y sin permiso, sin
necesitarlo, me besó, sentí la pastilla caer por mi garganta mientras se
derretía, sintiendo como aquello estaba mal.
-Yo soy tu peor tentación y tú, mi mejor bendición. Déjate
llevar solamente por esta noche, te prometo que nada estará mal.
Y ahí recordé.
Yo soy de todo aquel o
aquella que me haga feliz.
Su don, te hacía sentir especial, sabía que era lo que la
gente quería y se lo daba.
Y conmigo sabía de sobra qué quería. Y me lo daba siempre y
cuando le tuviera feliz.
Cuando despierte será como el veneno de una avispa, que no duele,
pero sí quema.