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domingo, 3 de enero de 2016

Encerrada



El rugir del motor del coche en mitad de una noche cubierta por nubes grises en medio del cielo oscuro, aunque no se podría decir con exactitud si aquel cielo oscuro, era su color habitual o nubes aun más lúgubres que lo cubrían, pero se podía ver con claridad, que aquel cielo estaba diferente, no habia estrellas, y no penséis que es por la contaminación presente en el mundo,  al parecer las estrellas se habían  apagado como si fueran bombillas fundidas, la luna no se encontraba, o estaba escondida, o no quiere brillar en medio de la noche, luna caprichosa.
El interior del coche en completo  silencio, solo el motor de este  como sonido, la vieja radio no funcionaba  por la falta de señal, es lo que tiene estar en medio de la nada, se puede notar si se presta atención, como el viento impacta contra el coche, pero ella, en su interior se encuentra protegida.
Intenta dormir cerrando sus ojos, pero no quiere abandonar al piloto, choca sus manos y las frota una con la otra para intentar calentarlas, pero decide que es mejor posarlas debajo de sus muslos, los cuales también se encuentran fríos a pesar de estar cubiertos por la tela de sus pantalones vaqueros. Reclinando la cabeza hacia atrás apoyándola en el respaldo, gira ligeramente la cabeza hacia la derecha para mirar la noche a través de la ventana, se hace tentador en su cabeza abrir la puerta y dejarse caer hacia el exterior, no os confundáis, no es por deseo de morir, si no por deseo  de escapar,  tal vez sobreviviría a la caída a pesar de la velocidad que lleva el coche y si lo hiciera, seguramente la llevarían al psicólogo por hacer tal locura como dejarse caer de un coche en marcha.
¿Tan raro es querer salir?
Cierra los ojos imaginando el momento, al igual que haría si se dejase caer, su cuerpo contra el duro asfalto de la carretera, sus oídos pitando por el viento, algún ''crack'' por algún  que otro hueso roto por culpa del impacto.
Psicópata la llamarían si dijese aquello en voz alta.
Abre los ojos, roza despacio el manillar, o pomo, o el objeto de metal que sirve para abrir la puerta, como prefiráis llamarlo, sonríe inconscientemente.
 ¿Y si lo hace?
 Gira la cabeza hacia el piloto concentrado, con su vista fijada  en la solitaria carretera, que al notar la mirada de la chica sobre él, la sonríe al igual que lo está haciendo ella, pero sin saber la locura que está pasando por la mente de la chica.
-¿Cómo vas?- dijo con tono tranquilo,  mirándola de reojo y volviendo su mirada a la carretera casi al segundo.
-Bien.-  se limito a decir con apenas un susurro, por el tiempo que estuvo sin hablar, su voz sonó con un pequeño gallo a pesar de que habia dicho solo una palabra, ella volvió su vista al frente, no quería hablar a pesar de mantenerse despierta y querer hacer compañía al conductor y al parecer el conductor tampoco quería, ya que no continuo la conversación, mejor. Miró las manos del piloto aferradas al volante con fuerza, ella podría acercar la mano con disimulo  y con solo un mínimo movimiento, cambiar el sentido del camino y chocarse o salirse de la carretera, pero no debía, no iba sola en aquel coche negro, no podía arriesgar la vida de sus acompañantes también, no era nadie para decidir si arrebatar la vida del resto.
En su mente surgía una simple pregunta, pero con sentido, algo que no lograba entender del todo, algo que la mantenía confusa cada vez que pensaba en aquellas acciones que podían ir en contra de su vida.
¿De dónde salían aquellos deseos?
Si fuese ella sola ¿sería capaz? sólo sería un ligero movimiento, en una carretera desierta, a una velocidad alta, sin peligro de hacer daño a otras personas, sin testigos, un accidente limpio en el cual ella sería la única víctima y en el cual sería muy posible que acabase sobreviviendo, pero ¿y si no? ¿Por qué sonríe al pensar que tal vez no sobreviviría?
Divisó las montañas, a pesar de ser noche cerrada y oscura, podías ver las sombras oscuras que formaban las montañas o por lo menos su silueta, se imaginó andando en solitario por aquel campo de trigo en medio de la noche, quizás sería un tanto macabro y siniestro, y seguramente cuando estuviese en ello sentiría el miedo que le habían inducido todas aquellas películas de miedo pensando que podría salirle cualquier tipo de monstruo, pero sería interesante oír el mínimo ruido a su alrededor a su paso o quizás llevarse su música con ella, poniéndola al máximo y dejarse inundar por esta, andar hasta quedarse exhausta, hasta que no tuviese más remedio que desplomarse sobre el suelo para descansar, con la respiración agitada y el dolor de pies como si se tratase de martillazos en estos por el esfuerzo de andar tanto, rodeada de aquellas plantas secas, con bichos a su alrededor, aunque ese último pensamiento la hizo estremecerse.
No le gustaban los bichos, le parecían realmente repulsivos.
El coche siguió avanzando, quedaba cada vez menos para llegar a su casa, el paisaje cambió al igual que el tiempo, ya no era un campo de trigo, era un bosque espeso, de árboles altos y robustos, unidos con la pequeña lluvia que acababa de comenzar y su pensamiento, su mente, sus deseos oscuros e internos, querían que ella se perdiese en aquel bosque de arboles altos bajo la lluvia, calarse entera notando como su ropa empezaba a pegarse a su cuerpo, contar los pasos, uno a uno, bajo el cielo sin estrellas, dar vueltas sobre sí misma con una sonrisa en los labios sin motivo aparente, sólo porque ella quiere, sin miradas curiosas cuestionando si estaba cuerda, notando libertad, la libertad de perderse en un lugar desconocido, de pensar en las múltiples cosas de la soledad, de sentir como todo su cuerpo conecta con lo que tiene a su alrededor y otra vez, ahí estaba, el dichoso miedo.
¿Y si se encontraba un lobo?
Ella no era Caperucita como para que un cazador la salvase en medio de la noche, sólo era una chica perdida, una chica encerrada en un coche en medio de la noche camino de su casa.
Algún día escaparía, sería libre de la cárcel que poseían sus deseos, saldría afuera, se dejaría caer, andaría sola o se perdería por el bosque a pesar de que todo aquello suponía el atentar contra su vida, pero por ahora, estaba encerrada, encerrada en el coche negro, sin escapatoria.

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