Mi pequeño monstruo no tiene cuernos ni colmillos, no gruñe ni te arranca la cabeza, mi pequeño monstruo esta en las paredes de mi mente, me nubla lo bueno y saca brillo a las palabras crueles, mi pequeño monstruo crece con los hechos de la vida con el miedo y la desesperación.
Mi pequeño monstruo no conoce a las personas, no distingue quien verdaderamente es la persona que está a su lado, solo sonríe y desaparece volviendo todo a su entorno oscuro y frio.
Mi pequeño monstruo adora la crítica hacia mi luz, aquella atrapada entre las paredes oscuras, adora la crueldad y si le provocas sale su verdadero ser, desaparece la luz y el dolor resurge.
Cuando mi pequeño monstruo sale a la luz dejo de ser yo, o tal vez sea mi verdadero yo, mi pequeño monstruo inunda mi ser, destrozando todo aquello a su paso, chillando, desgarrando la voz de mi garganta y diciendo cosas que podrían acabar con cada una de mis cuerdas vocales.
No atiende a razones, me vuelvo oscuro y sin corazón, mi pequeño monstruo se vuelve grande en esa situación, solo suelta veneno, solo le gusta el dolor.
Yo no hago que mi pequeño monstruo desaparezca, porque no puedo, solo se que se va cuando sabe que algo esta roto, cuando algo esta destrozado.
Cuando despierto, estoy en shock, no reacciono ni proceso lo que acaba de pasar, siempre que aparece mi mente se queda aturdida, no comprendo que acaba de pasar, todo es un caos.
Veo los ojos de la decepción por el reflejo de la ventana, se que me odia y que me dejará tiritando en el suelo, medio muerto si no fuera por la compasión que se apiada de mi interponiéndose para que la furia combinada con la decepción no atacase más mi mente perturbada, convirtiéndola en basura mayor.
Mi pequeño monstruo sonríe satisfecho, sabe que ha hecho daño, sabe que ha sembrado el dolor.
Entonces mi luz, mi pequeña luz se fija en ese grito, la tristeza y el dolor, mezclado con un toque de melancolía, haciendo que mi luz se terminase de apagar y que mi pequeño monstruo atacase a todo mi ser.
Convirtiéndome entonces en el monstruo que jamás quise ser.
Mi pequeño monstruo no conoce a las personas, no distingue quien verdaderamente es la persona que está a su lado, solo sonríe y desaparece volviendo todo a su entorno oscuro y frio.
Mi pequeño monstruo adora la crítica hacia mi luz, aquella atrapada entre las paredes oscuras, adora la crueldad y si le provocas sale su verdadero ser, desaparece la luz y el dolor resurge.
Cuando mi pequeño monstruo sale a la luz dejo de ser yo, o tal vez sea mi verdadero yo, mi pequeño monstruo inunda mi ser, destrozando todo aquello a su paso, chillando, desgarrando la voz de mi garganta y diciendo cosas que podrían acabar con cada una de mis cuerdas vocales.
No atiende a razones, me vuelvo oscuro y sin corazón, mi pequeño monstruo se vuelve grande en esa situación, solo suelta veneno, solo le gusta el dolor.
Yo no hago que mi pequeño monstruo desaparezca, porque no puedo, solo se que se va cuando sabe que algo esta roto, cuando algo esta destrozado.
Cuando despierto, estoy en shock, no reacciono ni proceso lo que acaba de pasar, siempre que aparece mi mente se queda aturdida, no comprendo que acaba de pasar, todo es un caos.
Veo los ojos de la decepción por el reflejo de la ventana, se que me odia y que me dejará tiritando en el suelo, medio muerto si no fuera por la compasión que se apiada de mi interponiéndose para que la furia combinada con la decepción no atacase más mi mente perturbada, convirtiéndola en basura mayor.
Mi pequeño monstruo sonríe satisfecho, sabe que ha hecho daño, sabe que ha sembrado el dolor.
Entonces mi luz, mi pequeña luz se fija en ese grito, la tristeza y el dolor, mezclado con un toque de melancolía, haciendo que mi luz se terminase de apagar y que mi pequeño monstruo atacase a todo mi ser.
Convirtiéndome entonces en el monstruo que jamás quise ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario