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miércoles, 23 de noviembre de 2016

El chico triste.



El chico triste que siempre se sentaba al fondo, en una esquina, en la que apenas habla, no sabe expresarse, con ojos tristes y su mirada perdida, buscando algo que desconoce, queriendo a alguien que no existe, enamorado de la soledad absoluta. No pueden pasar, ni penetrar su espacio, nadie puede decirle que hacer, porque no escucha, cuantas veces se lo advirtieron, una burbuja no dura para siempre, y qué sabrían ellos de la resistencia de su burbuja de jabón, la preciada burbuja que le sirvió durante años como un escondite del mundo, algo impenetrable. Hola, hola, hola. No les dejes entrar , ellos la pueden hacer estallar.
¿Y quién quiere amigos teniendo una burbuja de jabón?
En caso de que explotara, le seguiría protegiendo, ya que cuando estallase les salpicaría jabón a todos en los ojos y permitidme deciros que eso escuece, ¿no me creéis? Os invito a meteros en la ducha y poner jabón sobre vuestros ojos, duele y dejas de ver, mejor, necesitamos personas ciegas que no vean, que escuchen y que piensen. Ojos viciosos, ellos ven lo que tú quieres ver, ¿y eso que significa? Fácil, te engañan y traicionan, jamás verás la realidad.
¿Lo ves? Está solo, pon etiquetas. Raro, marginado, solitario. Curioso. No reacciona, ¿acaso escucha?
- ¿Quién se acerca? 
-Yo.
-¿Tú? 
-Yo.
-Adelante.
Un paso y otro, ¿qué puedo decir? Estoy impaciente por saber qué dirá su voz, como será. Puedo saludarle y ver qué pasa, invitarle a algo, por probar. Probemos. 
-Hola. -No contesta, ni se dignó a mirarme, ¿me habrá oído? Seguro que sí. Por si acaso, probaré otra vez. 
-Hola. -Ni un gesto, sigue sin mirarme, ni quiera se percató de mi presencia, Raro.
-¡RARO!
No grites y ven ¿Funcionó?
- No.
Entonces vete, no creo que sea necesaria más tu presencia aquí, Inquietud.
Bueno, continuemos.
-¿Alguien más quiere? 
-Yo.
-¿Tú? 
-Yo.
-Adelante.
Un paso y otro, balanceo mis brazos se mueven al compás de estos, muestro seguridad y chulería, mi aura es atrayente, no me hará falta ni hablar para que se una a mi grupo y tener un súbdito más. A su lado estoy, no reacciona, tiene sus ojos puestos sobre un folio en blanco, parece curioso, busca algo.
-Hey, ¿qué haces? - Ni me contesta, no tengo paciencia, ¿no le intereso? ¿Quién se cree que es? Así jamás querrá nadie estar a su lado,  no perderé mi tiempo con él, él se lo pierde, Marginado.
-¡MARGINADO!
- No grites y ven, ¿funcionó? 
-No. 
-Entonces vete, no creo que sea necesaria más tu presencia aquí, Arrogancia.
Me estoy empezando a poner nervioso, ¿será verdad que nadie logrará traspasar su burbuja? De todas formas, probemos otra vez.
-¿Voluntarios?
-Yo.
-¿Tú?
-Yo.
-Adelante.
Un paso y otro, voy despacio sin prisa, debe sentirse agobiado, aunque con los otros ni reaccionó, no movió ni un dedo, ni hizo ningún gesto, pero conmigo eso cambiará, por favor, con solo un par de palabras amables lo tendré en la palma de mi mano, ningún chico existente a podido resistirse a mí, soy todo lo que una persona podría desear, quizás un  pequeño acercamiento, seguramente no haya notado el calor humano en su vida, sí, será lo mejor para alguien como él. 
-Buenos días. -No me mira, ni reacciona, no debería ni sorprenderme, con el resto fue igual, bueno, insistamos un poco. ¿
-Quieres venir a tomar algo? -Sigue sin hablar, quizás sea mudo, pero aún así podría dignarse a mirarme, aunque sea por educación. Pongo la mano sobre su hombro, pero se sobresalta y me aparta con fuerza, me quedo impactada, ¿me rechazó? Él vuelve a sus cosas mientras la ira crece dentro de mí, me siento insultada, así nunca nadie le querrá, absolutamente nadie, solitario.
-¡SOLITARIO!
- No grites y ven, ¿funcionó? 
-No. 
-Entonces vete, no creo que sea necesaria más tu presencia aquí, Abrumación.
Estoy empezando a desesperarme, esto no puede ser, nadie consigue acercarse a él, a todos los ignora o aparta, no les dedica ni una simple mirada, quizás tenga miedo, quizás desconfianza, o quizás ame tanto la Soledad, que esta le haya metido en un pozo que nadie podrá sacarlo ni a la fuerza, maldita Soledad, cada vez que te apoderas de una persona, haces que se aísle, que no salga, que sea esa persona y nada más, que el Silencio sea su mayor aliado y que su mente subsista sin saber que es tener a alguien a su lado, pero ¿qué puedes esperar de un sentimiento como ese? Soledad, Separación, Desamparo, Encierro, Clausura, Tristeza, todos son sinónimos tuyos, todos ellos tienen su propio camino que acaba en ti, Soledad, debería rendirme, nadie podrá traspasarte, nadie será capaz de hacerte explotar, está condenado, está…
-¿Puedo intentarlo? 
-¿Cuándo llegaste? 
-Estuve todo el rato aquí, observando los fracasos de mis compañeros, ¿puedo intentarlo?
-¿Tú? 
-Sí, yo.
-Adelante.
Paso a paso, me acerco con la mirada puesta en el suelo observando mis pies, por cada ruido que escucho, me sobresalto, todo me pone alerta y cualquier paso en falso puede ser completamente un desastre, no tengo miedo, no me entendáis mal, pero con él hay que ser cauto, pensar.
Le llevo observando durante mucho tiempo, cada uno de sus movimientos, he intentado escuchar sus susurros cuando habla con la nada para saber cómo es su voz, parece que no, pero desea ser salvado y salir, o no. Quizás disfrute de su soledad, pero no me puedo permitir no intentarlo, pase lo que pase, yo estaré con él, incluso si me manda a paseo.
Estoy a su lado, sé que notó mi presencia, se puso rígido, creo que abrumación le dio fuerte, no me extraña, es insistente como ella sola. Hay un sitio a su lado, me quedo parada a su lado, no espero un saludo, solo que se acostumbre a mi presencia, sus hombros se relajan, me muevo para estar más cerca de él, directamente, me siento a su lado en silencio, con la mirada al frente. Dirijo una mirada a mis compañeros, sé que están sorprendidos, ninguno de ellos consiguió lo que estoy consiguiendo yo en este momento, estar sentada a su lado, se volvió a tensar cuando me senté a su lado, tiene las manos debajo del pupitre, como siempre. Su mirada está puesta sobre el folio blanco, mirando a la nada, de vez en cuando le oigo susurrar creyéndome que sus palabras son para mí, pero no lo son, porque no lo repite.
Prácticamente, a lo largo de los días imito sus movimientos, mis compañeros que antes me miraban con asombro, ahora me sonríen de manera cínica al ver que no estoy consiguiendo nada, que no avanzo, pero se equivocan, ya no se tensa cada vez que me siento a su lado, notó como me mira de reojo cada cierto tiempo, muchas veces se queda mirándome durante unos segundos, pero otra vez es durante minutos, intento mirar al frente siempre, fingiendo no notar nada, pero ¿cómo no lo voy a notar? Su mirada es fría y dura.
Seguimos, sigue susurrando y juro que una vez creí oír mi nombre, aquella vez recuerdo como agachó aun más su cabeza arrepentido, sé que dije mi mirada se posaba al frente, pero perdonarme por a veces usar el rabillo de mis ojos para observarle.
Sus silencios son cómodos y agradables, cada vez me resulta menos extraño. Lo mejor, es que a pesar del silencio, no me siento sola, noto su calor, su compañía y empiezo a notar como él se relaja cada vez más. Dentro de poco podré entrar, lo noto y él lo sabe, lo sabe.
Sus manos el día de hoy están sobre la mesa, ¿Qué quiere esto decir? La sonrisa de mis compañeros sigue ahí, irritante, solo yo sé lo que hemos avanzado, hemos cruzado miradas, bueno… solo un par, la primera vez me asusté, me sentí intimidada e hipnotizada, por poco tiro todo mi trabajo por la borda al intentar hablar con él. La segunda vez fui más decidida, su mirada no me intimidó y él me permitió mirar más allá, vi algo frío, soledad, cuando la encontré en el vacío de sus ojos aparté la mirada casi con prisa. Me asusté y me quede completamente helada para el resto del día.
Hoy es el día, han pasado varios meses de silencios y miradas que cada vez me transmiten más complicidad, me quiero atrever, quiero intentarlo, algo simple, algo fácil, no sé si lo lograré, hoy es decisivo, hoy veré si todo valió la pena, pero ¿qué digo? claro que valió la pena, incluso si me rechaza, ya lo dije, estaré para él pase lo que pase.
Me siento a su lado, le noto relajado, ya ni se inmuta ante mi cercanía, eso es que el roce de ayer sirvió, sí, hubo un roce de manos,  ocasionado por la caída de su lápiz, no pude evitar agacharme a la vez que él para cogerlo y nuestras manos se rozaron, pero la apartó rápido como si hubiese tocado aceite hirviendo, me costó tragar saliva, pensé que ahí se acabaría todo, pero no fue así, porque no se puso en ningún momento a la defensiva, estuvo bien.
 Sigo notando su mirada tímida sobre mí, tengo que sobre-esforzarme por no sonreír, puede funcionar, funcionará, giró mi cabeza con lentitud, a la vez que el aparta la mirada de mí, me resulta un gesto dulce y tímido, me esfuerzo otra vez por no sonreír y que puedo decir, saca algo dentro de mí que no sé ni descifrar. Pero no mentiré si digo que jamás había sentido tanto miedo y determinación. Cogí aire y hablé, con algo sencillo, tan sencillo como la palabra Hola. Esperé impaciente a que me respondiera, pero ni me miró. La vergüenza se apoderó de mis mejillas y empecé a temblar, oí a lo lejos las risas de mis compañeros, como me atronaban en la cabeza y como algo en mi interior se iba quebrando como un lago congelado con el peso de un árbol al derribarse.
LA QUE DECÍA QUE LO CONSEGUIRÍA.
¿DÓNDE ESTÁN TUS RESULTADOS AHORA?
NADIE PUEDE ACERCARSE A ÉL, NI SI QUIERA TÚ.
Me levanté de mi asiento, con la mirada perdida, alejándome de aquel chico triste que era imposible de penetrar, por un segundo creí que me había rozado la muñeca para pararme, pero no fue así, todo fueron imaginaciones mías, mi inconsciente me había jugado una broma pesada. Sentí algo que jamás había sentido, tristeza y me empecé a sentir sola, yo, la Perseverancia con el apellido de la Paciencia, con el Esfuerzo sobre mi espalda, con la Alegría y la Fuerza a mi lado, sentí como todas me habían abandonado, quedándose solo a mi lado ella; Tristeza.
-Lo hiciste bien Perseverancia.
¿Y de qué me sirve hacerlo bien si ni logré una palabra de sus labios?
-Quizás te apresuraste. 
-No, era el momento, hoy se decidiría si me aceptaba o no, y está clara cuál fue su respuesta. 
-Lo hiciste bien, no siempre se gana, muchas se pierde, incluso tú tienes fracasos, no eres la Perfección, si no tendrías a su arrogancia, y ambos sabemos cómo es arrogancia, la humildad está de tu lado, deja de culparte, luchaste y fuiste fuerte, la paciencia estaba ahí, aguantaste, pero escúchame, lograste que te mirara durante horas, lograste rozar su piel y no espantarle, ahora, deberías dejar que Tiempo termine tu trabajo.
-Yo lo veo perdido, no volverá. 
-Entonces, tendrás que esperar, Tiempo te quitará la venda de los ojos el mismo.
-Como tú digas, Vida.

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