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viernes, 16 de noviembre de 2018

16 de Noviembre.


Había una vez cierta tarde de noviembre...
¿O era diciembre?
No lo recuerdo. Hace años que pasó. Yo tendría...  Tampoco lo recuerdo, aunque si lo hiciera recordaría el año en que sucedió. Si recuerdo el día. 16; una tarde fría, la soledad de la cafetería y el viento colándose por la puerta estropeada de la entrada. No nevaba y el otoño se había retrasado tanto que aún caían hojas de los árboles. Por eso creo, que era noviembre.

Su cara no la recuerdo, pero me encuentro en la misma cafetería. Rutina anual. Todo ha envejecido, las mesas de madera están tan picoteadas de los nombres escritos, que casi todas tienen agujeros. Los cristales empañados, y a pesar de eso, tan sucios que era imposible mirar a la calle. Las luces intermitentes; el local necesita una reforma definitivamente.

Un café caliente entre mis manos, o eso creo al tocarlo, aunque cuando mis labios lo rozan está tan frío como si bebieras nieve sabor a café. Nunca entenderé esta rutina anual. No recuerdo ni cuando la inicié. Y sigo sin recordarle a él.
Noto la mirada de la camarera sobre mí, comprensible al ser la única clienta del local; me extraña que por su avanzada edad que pudiera reconocer mi figura. Vuelvo mi vista al café. Sigue frío aunque cuando toco la taza, está ardiendo. Cierro los ojos junto a una bocanada de aire dejando que me embriague el olor malo de café. Un reencuentro sería bonito, que su voz me despertará, pero en su lugar, lo hace una voz anciana aún más fría que el café que estoy consumiendo.
-¿Quieres algo más? - abro mis ojos encontrándome con los ojos cansados y llenos de arrugas de la señora.
- No, gracias. - dicho esto, la veo alejándose dirección a la puerta mientra veo, como se quita el cigarro de la oreja y se lo pone entre los labios y una vez la puerta abierta, lo enciende precipitándose a la calle y perdiéndose de mi vista.
Me he quedado sola.

Hace años, recuerdo la gente. No mucha, pero había gente y por lo menos la calefacción, funcionaba. Me refugio en mi abrigo sintiendo el poco calor que me puede proporcionar. Escucho un trueno y acto seguido la lluvia chocando contra el cristal. Me sobresalto al escuchar el segundo trueno seguido con el golpe de la puerta.
Gabardina negra hasta las rodillas. Sombrero negro con una cinta blanca. Botas. Con prisas se dirige a la barra, se resigna al no ver a nadie. Golpea la barra y me vuelvo a sobresaltar, haciendo que así, se fije en mi existencia en el local.
-Disculpe.- se excusa mientras se quita el sombrero, agacho la cabeza y niego.
-No pasa nada. - levanto la mirada, su pelo es negro con alguna cana y su piel tostada, mandíbula perfilada y ojos grandes, las cejas acompañan al pelo. Fornido y alto. Nervioso. Sus ojos vuelven a mí y la vergüenza me obliga a apartar los míos. Noto como el aire se me escapa y me obligo a beber de la taza fría para intentar disimular. Me está mirando, y es fácil de notar cuando solo estamos dos en una cafetería. Miro de reojo, sigue nervioso, ya no me mira. Imagino que estará buscando a la señora, señora que por cierto se debió de perder en la profundidad de la tormenta voraz.
El local está sin nadie que lo proteja y eso no me gusta, odiaria que le pasara algo al local. Es mi rutina anual.
-¿Me puedo sentar?
-Por supuesto. - se quita la gabardina y junto al sombrero, lo deja en una silla aparte, se sienta en frente y me observa; me pregunto si me observará como yo a él.
-¿Sabes de algún dueño, o empleado de esta cafetería? Necesito a uno de esos con urgencia.
-Lo siento, creo que la única que se hace cargo de todo esto, está fuera fumando. O quizás la tormenta se la haya comido.- río por lo bajo, y el curva sus labios hacia arriba mostrando sus dientes, el silencio se establece entre nosotros, quizás dije una estupidez, el humor no es lo mío, miro otra vez mi taza de café, helada. Bebo un sorbo y me lo alejo con una mueca de asco.
-No tiene pinta de estar muy bueno...
-Realmente no lo está, pero este lugar tiene la magia para hacer que la taza arda pero que el interior esté helado.
-Es curioso.- susurró él mientras unía sus manos.
-¿El qué? ¿Qué la taza arda y el café esté helado?
-No, que a la señora se la hubiera tragado la tormenta.- No puedo evitar reírme ante el comentario. El silencio se implanta de nuevo, pero esta vez mirarle a los ojos no es incómodo. Me veo reflejada en sus ojos, brillan.
-¿Qué viniste a hacer aquí? Hay muchas cafeterías por la zona y mejores que esta.
-Lo mismo podría preguntarte a ti.
-Lo siento, no quería sonar cotilla de más aunque la curiosidad me mate.
-No se preocupe. En parte es lógico. Aunque si le cuento mis razones, usted deberá contar las suyas.
-Lo veo como un trato razonable. Para mí, esto es una rutina anual.
-¿Rutina anual?
-Vengo todos los años este mismo día. Me siento en este sitio, pido un café y espero.
-¿Y a qué espera? - sus ojos brillan más por la intriga. Me permito perderme en ellos 10 segundos antes de contestar.
-Más bien, a quién espero.
-¿Y a quién espera? - aparto la mirada abrumada, realmente la duda me recorre el cuerpo como sudor frío y sin darme cuenta, mi brazo derecho empieza a temblar, pero lo escondo con disimulo.
-Realmente, no lo sé. Creo que es un amor imposible u olvidado.
-Sí fuera olvidado, no volvería y si fuera imposible, no tendría un recuerdo tan intenso del lugar, ¿no cree?
-Entonces, déjelo es un amor verdadero. No recuerdo su voz. Ni su cara. Y mucho menos su olor sumado a sus gestos y particularidades. Pero el sentimiento de intensidad lo sigo teniendo dentro. - mira hacia abajo con mi ceño fruncido y con mi mano derecha la dirijo hacia el pecho. - lo siento en el corazón. Y en mi estómago, un retortijon hacia un recuerdo difuminado. No distingo en mis recuerdos que es real y qué no. Pero el sentimiento sigue, curioso, ¿no cree?
-Admirable.
-¿Disculpe?
-Admirable la supervivencia del sentimiento al tiempo. La imaginación idealizando un momento, confundiendo con lo que realmente pasó. Quizás usted no recuerde ni el 90% de lo ocurrido y aún así, ese recuerdo perdura en su mente con forma de sentimiento. De amor perdido, ¿le duele?
-Sólo cuando comienza noviembre.
-¿Y cuando es insufrible?
-El 16. El 16 de noviembre. - vino a mi mente como un balde de agua fría, volvió a mi mente y poco a poco con los ojos fijado al caballero que tenía delante, mi amor perdido empezó a coger forma.
-¿Y usted que vino a hacer aquí? - pregunté en apenas un susurro.
-También vine a esperar una persona. - el silencio volvió a nosotros, su mirada me intimidaba, pero no me asustaba para apartar la mía, era intenso, su respiración era irregular y sin darme cuenta del tic tac del tiempo, dejé que las agujas del reloj se mvoieran sin importarme quien tenía en frente, el lugar dónde estaba e incluso, la razón. Vi como entre abrió sus labios un par de veces para decir algo. Pero en seguida los unía para silenciarlos. Quería saber que me iba a decir. Qué pasaba por su mente.
La señora volvió a entrar, apartamos la mirada del otro para dirigirla hacia la camarera, farfullando volvió a su puesto y yo me empecé a sentir vacía al no tener la atención del hombre que tenía delante.
-¿Cuál es tu nombre?
-Marina. - dije en otro susurro.
-Marina, espero que encuentres a quien tanto tiempo llevas buscando. - dicho esto, se levantó colocándose su gabardina y sombrero , beso mi mano mirándome a los ojos; un escalofrío me recorrió entera y se dirigió a la barra con paso agresivo y sacando una pistola de su gabardina. Mi respiración de cortó y mis oídos empezaron a pitar al primer disparo. La mujer calló al suelo y un río de sangre salía por debajo de la barra.
Cogió todo el dinero y salió por la puerta, no sin antes  conectar sus ojos a los míos dedicándome una pequeña sonrisa y articulando algo que por el pitido de mis oídos no logré entender.
Y entonces, me di cuenta que sus ojos no eran los de él. Los ojos que me estaban mirando eran verdes, mientras que los de mi recuerdo; negros.
Con odio y furia, me percaté de que me había robado el último recuerdo unido a la esperanza que me quedaba.

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