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martes, 8 de agosto de 2017

Salta.



Busqué mil maneras de comprender aquella voz que se metía por mi oído y se quedaba ahí resonando, la nostalgia estaba asegurada a pesar de saber que el tiempo no tenía aliados de confianza, ni mucho menos hace treguas con las personas y cuando el tiempo te devuelve algo que te arrebató en su momento, es porque algo que quieres y del mismo valor te va a quitar. Y por eso supongo que es de las cosas que me aterran tanto.
Descubrir un mensaje de voz mientras paras de correr de sombras que te acechan, es siniestro y a su vez; curioso. Un vuelvo, mira atrás.
La última vez que escuché esa voz, yo estaba de espaldas y corriendo dirección soledad  con parada en la torre de la desesperación, de la que todavía ni me he dignado a salir, jamás pensé que mis pies pudieran coger tal velocidad como la de aquel día. Huyendo de la realidad. Eso me decían todas aquellas personas a las que le contaba mi historia de cómo después de un casi suicidio y una huída de dos personas dejé a mi aliado atrás mientras le oía gritar un vuelve, mira atrás. Pero claro, ellos no saben lo que es huir en realidad, ni si quiera saben huir de sí mismos, ya que es un don que pocos somos capaces de admitir que tenemos. Yo lo admito.
Pasé de dormir en tejados, dónde la luz de la luna, el sol y los relámpagos en días de tormentas adornaban mi blanca piel enfermiza,  a dormir en sótanos lúgubres que no te llevan a ningún lado. La fachada tampoco, pero por lo menos te daba la luz y la oscuridad no existía siempre y cuando los ojos no se cerraran. Y ahí me encontraba yo, huí de las sombras del sótano alcanzando la altura del tejado y dejando que la luz del mediodía cegara mis ojos acostumbrados a la oscuridad y allí, mi teléfono sonó para hacerme ver aquel mensaje de voz, o bueno, oír.
Avancé hasta el filo, apoyando solo las puntas de mis dedos y manteniendo un equilibrio que ni si quiera sabía que tenía, con el móvil aún pegado a mi oreja y el modo repetición puesto, como cuando descubres una canción nueva y te obsesionas por ella, así de obsesionada me quedé yo con aquella voz que dejaba aquel mensaje claro y preciso.
Vuelvo, mira atrás.
-En cuanto empezaron a gritar sobre una suicida al borde del tejado, no sé porqué tuve la sensación de que no me había equivocado de edificio.- Me quedé inmóvil en el sitio, respirando muy hondo, tenía la sensación de que el borde de un momento a otro se inclinaría conduciéndome al vacío que tenía delante de mis ojos.
-Podrías haberte equivocado.- dije en un susurro que estaba segura que había oído, su oído era fino y desde que nos conocemos, por muy bajo que hable, siempre me entendía y podría jurar que en el presente también.- después de tanto tiempo, estoy segura de que hay más de una suicida y más de un edificio.
-Siempre hubo, solo que ellos, ya están muertos y tú, no. Además, este edificio tiene un efecto especial, ¿no crees? Siempre nos impulsaba a ponernos de puntillas en su fijo y sentir la sensación del vacío, mientras que uno  sujetaba la mano del otro para no terminar de caer.
-Si lo hiciera realidad, ya sabes el suicidarme, saltar.- dije con una sonrisa suspicaz en los labios.- ¿cómo les diría que soy una suicida? Si lo hago, solo seré una muerta más, no le veo la gracia. Además, se siente bien hacer que la muerte se acerque, hacer que pierda el tiempo evitando saltar o dejarte caer al lado opuesto del vacío en el momento oportuno.
-La locura te acompaña.
-Usas el presente como si nunca hubiese estado a mi lado en el pasado. Nunca dejó de hacerlo.- el silencio inundó el ambiente, haciendo que mis pies apoyaran el peso en los talones y en las puntas sucesivamente, en un balanceo sincronizado que casi parecería un juego, un juego peligroso en el que perder me costaría la vida y entonces, sería una muerta más.- Si me tiro, o me dejo caer... ¿me cogerías?- dije mirando al vacío de forma tentadora, como si de un juego se tratase, o solamente porque quería notar sus manos cogiéndome como antaño.
-¿Quieres que te coja?
-Si no quisiera que lo hicieras, ¿no crees que simplemente me dejaría caer en este momento? No te daría tiempo a cogerme, ni si quiera a intentarlo, te quedarías ahí parado con el brazo estirado, con la palabra en la boca y con el pensamiento continuo de se ha ido.
-Podrías hacerlo, en eso te doy la razón. Pero no lo harás.
-Si lo hago, ¿te irás?
-No te confundas, si lo haces, te irías tú y no te irías ni por unos días, semanas, meses o años, te irías para siempre. De todas formas, no sé el porqué te sorprende el que esté aquí, te dije que volvería y que mirarás atrás y todavía ni te has dignado a mirarme.- volví a elegir al silencio, girar el cuerpo para encontrarme con algo que no quería ver era de estúpidos, no quería mirarle aunque la curiosidad se postrara en mi cuerpo, ¿cómo tendría el pelo? ¿ la mirada le habrá cambiado? Su cuerpo, ¿será tan reconfortante como antes? Recuerdo cuando me abrazaba bajo la lluvia cuando no teníamos dónde caernos muertos después de uno de aquellos bajonazos que nos hacían olvidar todo, incluso de nosotros mismos excepto de la persona que teníamos a nuestro lado, yo no le olvidaba a él ni él  a mí. Son preguntas que mi ansia de curiosidad mataba por saber, pero que mi corazón quería ignorar, porque entonces todo los recuerdos que creo que son con él, se verán colapsados por la imagen de las persona que tengo a mi espalda .
-Deja de debatir en tu cabeza, sigo aquí.- dijo su voz ahora más cerca.- El silencio solo afirma lo que ya sospechaba.- di un respingo en cuanto noté como su mano tomaba la mía, un respingo que hizo que ocurriera lo que tanto temía, mis pies resbalaron quedándose  con mis dedos en el filo del borde, con mi cuerpo suspendido en el vacío y con un grito ahogado en mi garganta que mis ojos abiertos como platos supieron expresar, agarré su mano de manera firme y él como si nada, consiguió elevarme como tantas otras veces había hecho, junto a él, aferré su cuello con miedo de soltarlo, sus brazos estaban en mi cintura, elevándome del suelo que tanto miedo tenía de tocar por si no me lo encontraba ahí. Pude aspirar el aroma de su pelo, fresco, a menta, y notar la textura suave de este contra mi cara, me desprendía calor, un calor peculiar y familiar. Lo echaba tanto de menos, que aún sabiendo todo lo que había cambiado era como si estuviéramos como hace 7 años. Pudieron pasar lo que a mí me parecieron horas cuando decidió bajarme de sus brazos, apoyé los pies con firmeza y seguridad y por fin, mirándole a los ojos pude analizar su cara, sus ojos ya no estaban rojos como antaño, por las noches sin dormir, ni sus pómulos tan marcados, su piel tenía un color sano y no pálido, no cómo la mía. Había cambiado y era una realidad, una realidad que no quería asimilar.
-Debes venir conmigo.- dijo tendiéndome la mano, sus uñas estaban perfectamente cortadas y  rosadas a diferencia de las mías, que estaban totalmente mordidas por los nervios y la ansiedad, también conocido como el mono.
-No puedo salir de aquí,  ya lo sabes. Tú en su momento, tampoco podías.
-¿Hace cuanto no comes?
-No lo sé, no tengo hambre solo quiero que te vayas.
-No me iré sin ti.
-¡Te abandoné! ¡Vete!
-No te voy a dejar, puedes salir de aquí, puedes salir de esto.- sus ojos me miraban suplicantes mientras señalaba a mi brazo llego de agujeros, pedían que le siguiera, yo solo podía dedicarle una sonrisa irónica y andar dirección hacia las escaleras para volver a mi sótano lúgubre y dar por sentada una conversación que él, no quería terminar.
-No puedes ignorarme como siempre haces, debes plantar cara a todo esto, tu vida vale más que toda la mierda que puedas tener en mente. Los monstruos que te imaginas son eso, imaginaciones tuyas, de una niña todavía encerrada, ya no tienes 16 años, Mara. Va siendo hora de que despierte.
-Ni tú 23, y aquí estás.- dije con asco en la voz y girándome hacia él.- ¿te han mandado ellos? ¿ es eso? Me siguen buscando, ¿verdad? Te mandan aquí porque te han prometido algo, ¿la libertad? Sabes que es mentira, ¿verdad?
-No Mara, no es eso. No me han prometido nada, salí solo. Me recuperé y tú también podrás conseguirlo.
-¿A quién pretendes engañar? Me estás diciendo que si ahora saco una raya ¿ no te agacharás y la inhalarás? ¿Tan fuerte te has vuelto?
-Han pasado 7 años desde eso Mara. He cambiado.- dijo con un tono firme que solo logró hacerme sacar una carcajada enfermiza.
-¡Una mierda! En este mundo, nadie cambia es nuestra maldición. Lo pasábamos bien, conocíamos algo que nadie era capaz de conocer, un mundo único y de los dos. solo de los dos, ¿ me vas a decir que no lo echas de menos?
-En todo caso, te echo de menos a ti.- dijo extendiendo su mano hacia mi mejilla, yo solo bufé sin ganas, me mentía, era una venganza dolorosa después de haberle abandonado, entregarme a unas personas que jurarían recomponerme, una recuperación que no existe en este mundo.
-Quiero que te vayas.
-Lo siento, Mara.- vi como sacaba su teléfono del bolsillo y pulsaba una tecla que no traería nada bueno para mí. Casi en ese mismo instante, dos señores con trajes elegantes de color negro me cogían cada uno de un brazo y me arrastraban hacía las escaleras, me pareció que todo ocurría a cámara lenta, que los gritos que salían de mi garganta no eran míos, que de repente mi vida había cambiado totalmente.

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