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martes, 2 de enero de 2018

1. Amnesia.



Luces rojas y azules que ciegan mis ojos volviendo  todo a mi alrededor negro, mi mente en blanco sin saber qué recordar, sin encontrar el punto de inicio. Y me duermo.
Entornar los ojos se volvió una acción demasiado complicada de un momento a otro, mi cabeza dolía como si alguien la estuviera golpeando con un martillo gigante. La palabra agua salió de mi boca como una orden en me de cómo una petición de auxilio, porque parecía que el desierto había decidido teletransportarse a ésta. Intenté relamerme los labios, pero la sensación   de aspereza de estos no ayudo para nada, una sensación de angustia decidió atacar a mi estómago sin piedad, y todavía nadie había respondido a mi petición de agua, así que con los ojos aun entornados decidí volver a cerrarlos y volver a dormirme.
Mi segundo intento de despertar y abrir los ojos no había resultado muy acertado ya que me encontraba en la misma situación de antes solo que más desagradable, la cabeza seguía siendo un martirio y mi  estómago gritaba sin voz, mi boca seguía seca y mi lengua papel de lija que levantaba la piel de mis labios al mínimo contacto contra estos. Agua. Era la única palabra que sabía decir en aquel momento, pero nadie aparecía, ¿y si estaba sola? ¡Agua! me atreví a gritar y sintiendo como una sabor metálico subía por mi garganta, desencadenando una tos enfermiza y náuseas, por suerte escuché como una puerta se abría y como unos pasos apresurados se acercaban a mi acercando un vaso de lo que suponía que sería cristal, el tacto del agua sobre mis labios fue un alivio, bebí aquella agua como si nunca la hubiera probado en mi vida y fuese un dulce divino de los dioses, pero en cuanto ésta cayó a mi estómago, volvió a subir en forma de bilis y sangre, vomité. Notaba aquel olor nauseabundo por mi nariz, y volví a vomitar, fue entonces cuando me di cuenta que estaba desnuda, ya que todo lo que habia expulsado de mi boca caía por mi  cuello y hombros, la persona de mi lado me ayudo a girarme y seguí vomitado. Su mano no paró de acariciarme la cabeza hasta que terminé, agua, volví a susurrar, me daba completamente igual volver a vomitar, necesitaba agua. La persona de mi lado respondió a mi petición, pero esta vez con la precaución de no dármela con prisas, fue racionando el agua, poco a poco mi  boca perdió ese sabor metálico con bilis, mi garganta se calmó y mi estómago acepto aquella agua. Gracias, fue lo último  que conseguí articular antes de volver a quedarme completamente dormida.
Mi tercer intento de despertar resultó ser otro mundo, olía a limpio, lavanda, mi cuerpo se sentía más descansado, mi cabeza parecía mucho más calmada y mi boca nada sedienta, el estómago dolía, pero pude interpretar aquello como falta de comida. Esta vez abrir los ojos no resultó un suplicio, aunque sí enfocar, todo parecía borroso y los colores mezclados, volví a cerrarlos, un pequeño descanso para acostumbrarme que repetí por lo menos otras seis veces, a la séptima todo parecía más claro, pude reconocer una habitación amplia de paredes verdes con cuadros de paisajes y algún que otro retrato que no logré reconocer, mi cabeza estaba inclinada hacia delante gracias a un par de almohadas muy reconfortantes, las sábanas que cubrían mi cuerpo eran suaves al tacto y la colcha me proporcionaba el calor que mi cuerpo necesitaba, a mi izquierda una mesita de madera con bordados de oro que simulaban flores incrustadas, encima un reloj digital apagado junto a un jarrón con violetas recién puestas y a mi derecha una mesita de igual forma, más vacía que la anterior, sólo un botón azul con un cartel encima: "Si despiertas, púlsame." Miré a aquel botón con curiosidad, y la pregunta que me tendría que haber hecho antes apareció, ¿dónde estaba?
Me quité la colcha de encima y la sábana encontrándome completamente desnuda, como ya me imaginaba que estaría, bajé las piernas por el lado derecho, y me incorporé, dándole la espalda a la puerta y sintiendo un mareo por la rapidez al levantarme, cerré los ojos durante un pequeño periodo de tiempo para acostumbrarme mientras calmaba mi respiración, la luz que entraba por aquellas ventanas calentaba mi cuerpo, no sabía dónde estaba, ni que día era, ni cómohabía acabado ahí. Miré hacia el botón, pulsarlo podría ser una opción que me ayudase a encontrar respuestas, pero tenía miedo de lo que pudiera encontrar, pero lo necesitaba. Pulsé aquel botón con nerviosismo y me tapé con la sábana para que la persona que entrase no me encontrara totalmente desnuda, oí la puerta abrirse y por culpa de la brisa que entro por ésta me dio un escalofrío que me estremeció.
-No deberías estar incorporada.- dijo una voz conocida que se apresuró corriendo hacia mí, y le pude reconocer. Álvaro; un amigo que más que amigo, era un colega con el que frecuentaba los bares de la ciudad en grupo y que al verle el acto reflejo de taparme más salió a la luz.
-¿Qué haces aquí?- fue lo único que me salió de la boca.
-Espera, ¿me recuerdas?- su tono de sorpresa me confundió más de lo que ya estaba por su presencia.
-Por supuesto que sí, ¿por qué no te iba a recordar?- me abrazó casi al instante, no entendía absolutamente nada y aquel abrazo me dio un mal presentimiento.
-Ari, tuviste un accidente de coche.- dijo mientras se separaba de mi con la cabeza agachada.
-¿Un accidente? No puede ser, no recuerdo nada, ni si quiera de coger el coche…
-¿Cuál es tu último recuerdo, Ariadna?- un dolor punzante me atacó la sien derecha, de repente mi mundo eras flashes de recuerdos, la mayor parte fugaces, recordaba todo, pero a su vez nada, los recuerdos más cercanos no  sabía situarlos en orden.
-Ari, ¿cuál es tu último recuerdo?- insistía, pero yo no era capaz de responder, básicamente porque no sabía cuál era mi último recuerdo.
-Álvaro, ¿dónde estoy?
-En casa.
-No, Álvaro, ésta no es mi casa, ni mi cama, ni mi paisaje, ¿dónde estoy? ¿estoy en el hospital? No huele a él, ni si quiera parece uno.
-No te pongas nerviosa, voy a llamar al médico.- dijo mientras se levantaba y me dejaba completamente sola.
-¡No! ¡No te vayas! - fue lo último que dije antes de que cerrara la puerta dejándome completamente sola. Cubrí mi cara con las manos, ¿cuál era mi último recuerdo? Por mucho que me esforzara los recuerdos que me venían tenían toda la pinta de ser demasiado lejanos, o quizás inventados. Pero había algo de lo que estaba segura, aquella no era mi casa, porque la recordaba, al igual que a mis padres…
Mis padres.
Si era verdad que había tenido un accidente, lo normal sería que estuvieran ellos y no Álvaro, aquello sólo aumento mi angustia, me levanté con prisas de la cama y mis piernas me fallaron que acabé en el suelo, intentar incorporarme del suelo era tontería, estaban completamente dormidas, apoyé la cabeza la cabeza en la mesita, no me encontraba para nada bien y lo único que se me ocurrió fue llorar, llorar hasta el punto de quedarme dormida.
-No me puedo creer que vayamos a hacer esto, ¿tú estás segura?
-Segurísima, quiero acabar con esto ya.
-Quizás te hayas equivocado.
-No lo he hecho, ambos sabemos que no soy de equivocarme.
Mi cuarto despertar, fue confuso, más confuso todavía delo que habían sido los anteriores, ya que en mi cabeza vino de  golpe la conversación con Álvaro, abrir los ojos ya no era ningún esfuerzo, y me encontré completamente tumbada en la cama, solo que esta vez estaba vestida con lo que parecía ser un camisón suave de seda, giré la cabeza y me encontré a Álvaro mirándome dormir, otro escalofrío me recorrió el cuerpo.
-Buenos días.
-¿Qué  ha pasado?- dije llevándome ambas manos a la cara.
-Te caíste, cuando llegué con el doctor estabas tirada en el suelo desnuda.
-¿Me viste desnuda?- dije con voz alarmada.
-Solo fue durante unos segundos, en seguida fui corriendo a llamar a una enfermera que vino con el doctor para que te vistiera y nos ayudara a acostarte en la cama.
-Me siento muy confusa.- dije restregándome las manos contra los ojos.
- Si quieres le digo al médico que venga en otro momento.
-No, dile que pase, por favor, necesito entender cuanto me va a durar esto.- Álvaro asintió con la cabeza y salió del cuarto para llamarlo, suspiré de tal forma que todo el aire de mis pulmones salió, darle más vueltas a la  situación no me ayudaría, solo me haría encontrarme peor de lo que ya me siento. Pasaron lo que venían  a ser los 20 minutos más largos de toda mi vida, cuando oí cómo llamaban a la puerta y entraba acto seguido Álvaro y detrás de él un médico muy joven al cuál no le echaría más de 28 años.
-Buenas, Ariadna, me alegra el hecho de verte despierta.- me sonrió de manera amable, pero no fui capaz de corresponderle ya que mi cabeza no estaba para formalismos.-  Soy el doctor José Mendoza y llevo tratándote durante todo este periodo de tiempo.
-¿Cuánto tiempo es ese?
-Cada  cosa a  su debido tiempo, antes de nada tengo que hacerte unas preguntas para evaluarte, Álvaro, por favor, ¿te importaría irte? - Álvaro asintió con la cabeza, me sonrió de forma tranquilizadora y se fue, el médico me cogió de una de las muñecas y tomó mis pulsaciones.
-¿Estás nerviosa?- preguntó bromeando.
-Más bien asustada.
-Es normal, me ha comentado Álvaro que no recuerdas nada del accidente ni lo que pasó antes de él, ¿es verdad?
-Sí.- dije mientras él sacaba una linterna pequeña del bolsillo y me alumbraba con ella en uno de los ojos cegándome por completo, tuve que parpadear varias veces para dejar de ver puntitos negros.
-Vale, todo en orden, voy a hacerte unas cuantas preguntas, necesito que tus preguntas sean lo más precisas posibles, ¿de acuerdo?
-Sí.
-Vale, ¿cómo te llamas?
-Ariadna Landa.
-¿Sabes cuándo es tu cumpleaños?
-Sí, el 17 de abril fue hace poco.
-¿Cuántos años tienes?
-23 años.
-¿Dónde vives?
-Calle Yugüe, Oviedo.
-¿Sabes qué día es hoy?
-21 de mayo, pero el tiempo parece más frío afuera la verdad.
-Entiendo…
-No es mayo, ¿verdad?
-Ariadna, ¿qué recuerdas de ayer?
-Ayer… estuve todo el día estudiando, se acercan los exámenes, aunque imagino que me los habré perdido si tuve el accidente.
-¿Te sabes tu DNI?
-Sí, 07432921 X, me lo memoricé ya que estuve un verano trabajando en una empresa que me requería fichar con él.
-Ariadna, tengo que hablarte de un par de cosas sobre el accidente, padeces de amnesia al parecer tus recuerdos que han quedado bloqueados por el 20 de mayo.
-Entonces, ¿a qué día estamos?
-Estamos a 12 de Noviembre, llevabas un mes y una semana en coma, has olvidado 5 meses.
-No puede ser…- dije notando como el aire de mis pulmones se iba cortando.
-Escúchame, es normal lo que estás sintiendo, la confusión, la sensación de pérdida, pero necesito que te centres, sufriste un traumatismo en la cabeza que te ha producido una amnesia temporal,  esto significa que con el tiempo y ayuda vas a poder recuperar todos esos recuerdos perdidos, yo te iré tratando, tendremos una cita cada semana.
-¿Y mis padres? ¿Dónde están?
-Todo eso deberás hablarlo con tu pareja.
-¿Pareja?
-Pensaba que Álvaro y tú estabais juntos, no se ha separado de ti ni un día desde el accidente.
-No puede ser, solo somos amigos.
-Eso deberás hablarlo con él.- mi cabeza estaba a punto de explotar y otra vez aquel sabor metálico mezclado con bilis atacaba mi garganta sin piedad.
-Creo… creo que me voy a desmayar.- dije hiperventilando y antes de que aquel médico joven pudiera hacer nada, yo ya me habia sucumbido en un sueño completamente negro.

1 comentario:

  1. Espectacular...en serio,me ha impactado e impresionado condicionalmente.Enhorabuena
    No estaría mal una continuación.

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